| Guerrero R, López R. 2002. Scientific journals of the SEM. In: García Mendoza C (coord.). History of the SEM in the XX century. Editorial Centro de Estudios Ramón Areces, S.A., pp 143–182 |
Ricardo
Guerrero1 y Rubens López2.
Universidad
de Barcelona1, Centro de Investigaciones Biológicas, CSIC, Madrid2
Apéndice
II
LA(S)
REVISTA(S) CIENTÍFICAS
DE LA
SEM:
EL
TESÓN DE LO IMPROBABLE
Las revistas científicas
Una revista científica es una
publicación periódica ―hasta hace poco exclusivamente
impresa― cuya finalidad es la comunicación y transmisión del conocimiento
científico, especialmente de los avances que se producen en un determinado
campo. Sus características están determinadas por la comunidad a la que se
dirige y por el área temática que cubre. Las primeras revistas científicas
correspondían a campos muy generales que abarcaban lo que llamamos ciencia en
sentido estricto ―las ciencias matemáticas y de la naturaleza. A partir
del siglo XIX aparecieron otras revistas que correspondían a las humanidades
―filosofía, lingüística, sociología, etc.
La primera revista científica de la
que tenemos noticia es la francesa Journal des Savants, fundada en 1665.
El mismo año, la Royal Society de Londres inició la publicación de una
revista que aún existe hoy día, The Phylosophical Transactions of the Royal Society. Aquél fue un año fecundo en la cosecha de la
publicación científica, ya que también, recordemos, vio la luz el libro Micrographia,
de Robert Hooke, el acta fundacional de la microscopia y, por extensión, de
la biología. Durante el resto del siglo XVII y todo el XVIII las diversas revistas que fueron
apareciendo eran las publicaciones oficiales
de sociedades científicas de prestigio. En la segunda mitad del siglo XIX surgieron revistas independientes de
sociedades, que iban destinadas a un
sector determinado de científicos. Nature, que no era el órgano de ninguna institución sabia, fue fundada por
Norman Lockyer en 1869 con el objetivo, entre otros, de publicar las cartas y
comunicaciones de Charles Darwin. La aparición (en 1859) de la obra de
Darwin On the Origin of Species by Natural Selection, or the Preservation of
Favoured Races in the Struggle for Life actuó de fermento sobre la
intelectualidad victoriana de Gran Bretaña. Nature fue desde el
principio una revista independiente que no tenía el respaldo, ni económico ni
científico, de ninguna institución. En cuanto a la financiación, tuvo sus
problemas durante los primeros años. Por lo que respecta a la garantía
científica, desde el principio contó con colaboradores destacados, como John
Tyndall o Thomas H. Huxley. Todavía ahora es una revista dedicada parcialmente
al periodismo científico, con secciones de información general sobre la
comunidad científica y los avances de la ciencia, de opinión, necrológicas,
revisiones de libros, etc. Y muchos lectores lo que buscan principalmente son
esas páginas. Sin embargo, lo que confiere
a Nature el calificativo de “prestigiosa” con que se la suele adjetivar
en los medios ―y, por supuesto, el alto “factor de impacto” que
tiene―, es la sección de artículos de revisión (Review Articles), la
de artículos de investigación primaria (Articles) y las comunicaciones (Letters
to Nature), que suelen ser artículos cortos. A pesar de su título, Letters
no es una sección de cartas de los lectores, las cuales están en la
sección Correspondence.
En el siglo XX, además de las
revistas publicadas por instituciones ―sociedades
científicas, universidades, facultades, organismos gubernamentales de investigación, centros de
investigación, etc.―, aparecieron muchas que dependían de editoriales
privadas, solas o en colaboración con instituciones científicas. Entre las que
pertenecen a una institución científica están Proceedings of the National
Academy of Sciences of the USA ―habitualmente abreviada como
PNAS―, publicada por la sociedad norteamericana de su nombre, entidad
que es la máxima autoridad científica del país; Journal of Bacteriology y
el resto de las que edita la American Society for Microbiology; Microbiology,
publicada por la Society for General Microbiology (Reino Unido). Entre las que pertenecen a conocidas editoriales
tenemos, además de la ya citada Nature, Virology o Archives for Microbiology
(Macmillan, Academic y Springer, respectivamente). Caso especial es Science;
aunque pertenece a la American Association for the Advancement of Science,
su difusión, comercialización, prestigio e impacto viven una vida bastante
separada de la de la sociedad que la edita.
Hoy día,
muchas de las revistas que tienen prestigio en la comunidad científica son, independientemente de su calidad
intrínseca, un producto de mercado.
Además, para muchas editoriales, un negocio seguro y creciente, donde con una mínima propaganda se aseguran la
venta anual de un producto caro; con unos precios que se pueden “actualizar”
sin temor a la competencia y sin posibilidades de protesta por parte del
comprador, generalmente sólo instituciones, debido a su precio prohibitivo.
Los libros científicos no seriados
tradicionales, en cambio, necesitan una propaganda y comercialización
específicas para cada caso, quedan anticuados en seguida, no pueden colocarse en el mercado general y,
finalmente, son un engorro para la editorial al cabo de poco tiempo, por lo que
una parte no despreciable de la edición acaba sus días, a la infantil edad de
tres a cinco años, convertida en pasta de papel. Actualmente, las editoriales
científicas más potentes deben la mayor parte de sus beneficios no a los libros
―como era tradicional―, sino a las revistas, ya que tienen la
venta asegurada antes de su aparición porque se distribuyen por suscripción.
Además, si “el producto” se dedica a un campo aplicado, como muchas
especialidades de la medicina o de la ingeniería, se obtienen notables ingresos
adicionales por la abundante publicidad.
Se calcula
que en la actualidad existen más de 100.000 revistas científicas. En 1997, cuando uno de nosotros (RG) pidió al Centro de
Información y Documentación del CSIC que mirara cuántas revistas europeas
―sólo― relacionadas con la microbiología existían, la lista inicial
llegó a las 200 (!). Después de cuidadosa depuración, y de quedarse con las más
estrictamente relacionadas, la lista se redujo a ―sólo― 146 (Ronda
& Vázquez 1997). En la actualidad, muchas revistas están pasando a tener
dos ediciones, la habitual en papel y la electrónica. Algunas revistas nuevas
se publican ahora exclusivamente en su versión electrónica y, en muchos casos,
su calidad y rigurosidad están fuera de duda, porque mantienen el sistema de
evaluación y selección de originales que practicarían si se editaran en papel. Microbiologia
SEM se publicó en 1996 y 1997―los dos últimos años de su existencia― también en
versión electrónica, gracias al empeño de Jesús García-Gil, de la Universidad de
Gerona (Piqueras 1997, García-Gil 1997). International Microbiology está en Internet desde el
primer número. Los años 1998–2000, a nuestro cargo, en
<www.im.microbios.org>; desde 2001, a cargo de SpringerVerlag,en
<http://link.springer.de/link/service/journals/10123/index.htm>. De
los tres primeros años, los artículos completos son de libre acceso; a partir de
2001, sólo los índices y resúmenes, pero los socios de la SEM y los suscriptores
de la revista tienen acceso a los artículos completos.
Revistas, artículos y
separatas
Las revistas científicas están subdivididas en unidades
llamadas “artículos”. Cada artículo lleva, una vez publicado el número donde
ven la luz, una vida propia. Tienen autores y temas diferentes de los otros
trabajos del resto del número. Una vez impresos en forma separada (“separata”,
que si respetásemos
más nuestro latín original sería separatum), se distribuyen y citan de
manera totalmente independiente. Tanto, que muchos autores no hemos visto nunca
un ejemplar completo de alguna de las revistas donde hemos publicado nuestros
artículos. Esta vida independiente sólo se ha interrumpido en los últimos
tiempos a la hora de citar “el factor de impacto (FI) del artículo”, concepto
equivocado porque se refiere siempre al FI de la revista en conjunto en
el año concreto en el que se publicó el artículo en cuestión (Guerrero
2001a, Piqueras 2002).
Los artículos de las primeras revistas científicas eran
casi exclusivamente
descriptivos; sus autores explicaban sus observaciones y, en ocasiones, las
deducciones extraídas. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la experimentación inductiva
adquiere gran importancia, y los artículos deben no sólo exponer las observaciones
y deducciones realizadas sino detallar los métodos empleados, de tal manera que
otros investigadores puedan verificar o falsar las afirmaciones realizadas. En
la actualidad, la mayor parte de los artículos contienen “investigación
primaria” y constituyen la primera comunicación completa por escrito de una
investigación concreta, con sus precedentes, metodología, resultados y
comentarios. La fecha de publicación es importante, porque, en caso de
discusión de la autoría de un descubrimiento entre dos o más artículos, se
respeta la prioridad cronológica. Hay también “artículos de revisión”, que
describen la situación contemporánea de algún campo de investigación; sus
autores pueden ser algunos de los responsables de esa investigación o bien
otros científicos conocedores del tema. La estructura del número de la revista
puede hacerse más compleja e incluir también “editoriales”, “cartas”, artículos
de opinión y perspectiva, revisiones de libros, comentarios de reuniones, etc.
(Sharp 2001).
La revista
de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), al margen de diferencias propias de cada época, ha seguido ese
esquema: la mayor parte de los artículos han sido de investigación primaria y
de revisión. Estos artículos son el
núcleo fundamental de una revista científica, los que los autores preparan
para comunicar su investigación y los colegas buscan para preparar, mejorar, o
justificar la suya. Al aparecer Microbiología Española (1947) se anunciaba que la revista, principalmente, “estará
consagrada a la publicación de trabajos estrictamente originales, ...” (las
cursivas y la falta de ortografía son del original), pero que “otras secciones estarán
dedicadas a bibliografía, [...] resumen de actas de las sesiones y breves
noticias de interés para los socios [de la Sociedad de Microbiólogos Españoles,
que es como empezó llamándose la SEM].” Durante toda su existencia, Microbiología
Española mantuvo esa tónica. La nueva revista, Microbiología SEM, publicó
a partir de 1985, además de artículos de investigación primaria,
minirrevisiones de temas de interés general. Finalmente, a partir de 1994 cada
número de Microbiología SEM contenía dos tipos de artículos: los que
llamábamos “Investigación” (que eran de una a tres minirrevisiones, o
“investigación secundaria”, más un número variable de artículos de presentación
de resultados propios, o “investigación primaria”) y los que agrupábamos bajo
el nombre de “Complementos” (que eran editoriales, artículos de opinión y/o
perspectivas, recensiones de libros, recuerdo de la vida y obra de científicos
españoles o extranjeros, etc.). Estos Complementos enriquecieron la
publicación tratando temas de interés general en microbiología, o temas
generales vistos desde la perspectiva de la microbiología, y cumpliendo, una
vez más, la vocación generalista y formadora de la SEM. Merecen especial
mención los que se dedicaron a la historia de nuestra Sociedad, a la propia
revista y al estado de la microbiología en América Latina (véase la p. 515 de
Mas Castellà 1997). Muchos de esos artículos “complementarios” han sido citados
e incluso reproducidos íntegramente en diversas publicaciones extranjeras, lo
que indica que nuestra revista se lee en diversas partes del mundo. En International
Microbiology se ha mantenido ese esquema general, donde destaca la calidad
de los editoriales,
que se encargan a distintos expertos para que nos den su visión particular del
campo donde trabajan. Estos editoriales no constituyen la opinión de la revista
(ya que son responsabilidad de quienes los firman), ni por supuesto de la SEM,
pero son muy coherentes con la idea de nuestra Sociedad de agrupar opiniones
diversas con un objetivo colectivo: el progreso de la microbiología (in
pluribus unum).
Y sin más
preámbulo, pasemos a recordar lo que tuvimos, para describir lo que tenemos.
Entre lo que tuvimos, está la historia de la revista, desde 1947 hasta nuestros
días, un recorrido en tres etapas muy dispares en carácter y extensión (el
primero de 38 años, el segundo de 13, y el actual, de sólo 4). Al final de este
trabajo recapitularemos sobre cuatro aspectos que son esenciales en una revista
moderna y que han sido objeto de discusión a la hora de dirigir y enjuiciar
nuestra publicación oficial: la utilización del inglés, el sistema de
evaluación por expertos (peer review), la publicación electrónica y los índices
de citación internacionales (Current Contents, etc.).
La revista Microbiología Española (1947–1986)
Las revistas de la SEM han sido tres: Microbiología
Española (1947–1986),
Microbiología SEM (1985–1997) e International Microbiology (desde
1998). Aunque diferentes en presentación, contenido y aspiraciones,
constituyen una línea de continuidad que justifica los paréntesis del título de
este trabajo. Dicha continuidad fue claramente descrita en la presentación de
la benjamina, International Microbiology, por el entonces presidente de
la SEM (Ruiz Berraquero 1998).
Microbiología Española (Fig. 1) se fundó en 1947. Sus avatares, logros y
debilidades han sido narrados en la serie de artículos sobre la historia de la
SEM de Concepción (siempre Conchita) García Mendoza (1995–1996) reproducidos en
este libro, en Isamat et al. (1996) y en Mas-Castellà (1997). Desde su
aparición hasta 1984 fue editada conjuntamente por el Instituto Jaime Ferrán de
Microbiología (del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC) y por
la SEM. Puede sorprendernos que el primer número empezara con la reproducción
del texto de una conferencia de Luis Nájera Angulo titulada “La guerra
bioparasitológica”, un tema tan desgraciadamente actual todavía. La revista alcanzó cierto
prestigio y se citaba en varios índices internacionales. Le cupo el honor de publicar el
artículo que propuso la creación del nuevo género Bordetella. Este
articulo (de Manuel Moreno López, Microbiol. Esp. 5:177–181 [1952]) ha
sido citado en multitud de trabajos y libros de taxonomía, entre ellos varias
ediciones de los Bergey's Manual. La época de mayor impulso de la
revista fue la década entre los años 1953 y 1962, llegándose en dos de ellos
(1955 y 1956) a publicar más de 500 páginas. Sin embargo, a partir de entonces
fue decayendo lentamente, hasta el punto de que en 1985 la SEM dejó de
colaborar con el Instituto Jaime Ferrán y decidió iniciar por su cuenta la
publicación de Microbiología SEM. El Instituto Jaime Ferrán aún publicó
dos números más de Microbiología Española independientemente de la SEM,
en los años 1985 y 1986. Los últimos números tenían un aspecto escuálido, pero
sirvieron, una vez más, para demostrar el tesón de los pioneros: publicaron los últimos
artículos a los que se habían comprometido.
El año 1985 se reorganizó el CSIC y desapareció, entre
otros, el Instituto Jaime Ferrán. El último número de Microbiología Española, que
apareció en noviembre de 1986, constaba de 5 artículos, sólo 39 páginas y
contenía el
epitafio, triste pero digno, de la revista: “[...] El Equipo editorial, al despedirse, quiere hacer constar
su agradecimiento a los lectores, muy especialmente, y a todos cuantos con su colaboración en las
diferentes tareas,
|
|
FIGURA 1. Portadas del primer
(1947) y último (1986) número de Microbiología Española
asesoramiento,
organización, redacción, imprenta, han permitido la publicación de la revista
que, después de treinta y nueve años de existencia, cierra con este volumen su
colección.” Hay que decir a fuer de sinceros, que la separación de ambas
revistas no fue amigable precisamente. Los responsables del Instituto
reclamaron ante el Registro de la Propiedad Industrial por considerar que el
nuevo nombre (Microbiología) usurpaba el anterior. Ese organismo dio la
razón a los demandantes, y por ello gozamos ―sin saberlo― de un
nombre “ilegal” durante toda la vida de la segunda revista (1985–1997).
Quedan pocas colecciones completas de Microbiología
Española. El estudio detallado de sus trabajos, temas y autores (Vázquez
& Ronda, este libro) proporcionaría una visión, a veces descorazonadora, a
veces esperanzada, de una microbiología autárquica, alejada de las corrientes
internacionales. Pero no podemos olvidar que eso era fiel reflejo de la
situación de España en las décadas de 1940 y de 1950. A pesar del aislamiento,
se aprecian los tímidos intentos de abrirse al exterior, el interés en
convocar científicos extranjeros de reconocido prestigio, para aprender de
ellos. Y el esfuerzo de algunos de los microbiólogos jóvenes ―en aquella
época― para salir al extranjero
a perfeccionar conocimientos y volver al país a poner en práctica lo aprendido.
Rodaron por el mundo y volvieron, insuflando aires nuevos en un país de
ambiente enrarecido. Puede decirse, viendo la situación actual, que a pesar de
las dificultades pudieron volver; ahora, hubieran tenido muchos
obstáculos, porque el aire ha vuelto a enrarecerse. Sin duda, los fundamentos
del magnífico edificio de la microbiología española que se fue levantando en
las décadas de 1970 y 1980 se apoyan en parte en aquellos cimientos y aires
renovadores. Además de otros méritos, no podemos negar a aquella primera época
de la microbiología española los del esfuerzo, la continuidad y la esperanza.
Microbiología Española se proponía sacar cuatro números individuales
al año, pero eso se logró pocas veces (por
ejemplo, en 1953). Cada volumen (año) tenía oficialmente cuatro números, pero
lo más frecuente era que éstos aparecieran agrupados de dos en dos. De 1947 a
1952 hubo uno o dos números dobles por año (con la excepción de 1948, año en
que no se publicó la revista), que podían ser el 3–4 o el 2–3. Por otra parte,
hay dos cosas que hacen difícil saber cuántas veces por año apareció realmente
la revista: la primera es que las bibliotecas suelen quitar las cubiertas de
los números individuales al encuadernar el volumen anual; la segunda es que
entre los años 1958 y 1967 la revista publicó un único índice, que correspondía
a todo el año. Por ello, en la columna correspondiente de la Tabla 1 se indican
4 números hasta 1976, aunque no tengamos constancia de que siempre fuese así. A
partir de 1976 se hace evidente que la revista tiene serias dificultades para
publicar incluso un solo volumen-número anual. En la Tabla 1 se exponen los
años y números de la primera revista y el número de artículos y de páginas que contenían. Para elaborar esa Tabla
contamos en su día (1996) con la ayuda inestimable de Sara I. Pérez Prieto y de
las bibliotecarias del Centro de Investigaciones Biológicas (CIB), María
Antonia Hermida González y Concepción López Hermida.
La nonata Biología Microbiana y la
transición penosa
La idea de lanzar una nueva publicación ya se había
discutido, si no antes, en 1976. En la Junta Directiva de la SEM celebrada con ocasión del
I Congreso de la Federación Española de Sociedades de Biología Experimental
(FESBE, Madrid), siendo presidente de la SEM Fernando Baquero, se decidió
publicar una nueva revista. Se acordó llamarla Biología Microbiana, y
se nombró editor-jefe (director) de la misma a Jorge López Tello, que ocupaba el cargo de
bibliotecario en la Junta Directiva de la SEM. Dicha
Tabla 1. Volúmenes y números de Microbiología
Española
(1947–1986)
|
Vol. |
Núm. |
Año |
Artículos |
Páginas |
|
01 |
4 |
1947 |
15 |
317 |
|
02 |
4 |
1949 |
11 |
283 |
|
03 |
4 |
1950 |
16 |
247 |
|
04 |
4 |
1951 |
13 |
209 |
|
05 |
4 |
1952 |
12 |
213 |
|
06 |
4 |
1953 |
17 |
414 |
|
07 |
4 |
1954 |
16 |
328 |
|
08 |
4 |
1955 |
14 |
523 |
|
09 |
4 |
1956 |
26 |
504 |
|
10 |
4 |
1957 |
23 |
485 |
|
11 |
4 |
1958 |
24 |
431 |
|
12 |
4 |
1959 |
23 |
438 |
|
13 |
4 |
1960 |
24 |
414 |
|
14 |
4 |
1961 |
22 |
268 |
|
15 |
4 |
1962 |
23 |
307 |
|
16 |
4 |
1963 |
27 |
280 |
|
17 |
4 |
1964 |
21 |
254 |
|
18 |
4 |
1965 |
16 |
250 |
|
19 |
4 |
1966 |
24 |
346 |
|
20 |
4 |
1967 |
18 |
250 |
|
21 |
4 |
1968 |
20 |
240 |
|
22 |
4 |
1969 |
25 |
286 |
|
23 |
4 |
1970 |
23 |
306 |
|
24 |
4 |
1971 |
24 |
302 |
|
25 |
3 |
1972 |
25 |
289 |
|
26 |
3 |
1973 |
17 |
199 |
|
27 |
2 |
1974 |
19 |
326 |
|
28 |
4 |
1975 |
15 |
178 |
|
29a |
“4” |
1976 |
13 |
156 |
|
30–31b |
1 |
1977–78 |
15 |
142 |
|
32–33b |
1 |
1979–80 |
12 |
123 |
|
34 |
1 |
1981 |
9 |
90 |
|
35 |
1 |
1982 |
6 |
76 |
|
36 |
2 |
1983 |
14 |
132 |
|
37 |
1 |
1984 |
13 |
119 |
|
38c |
2 |
1985 |
15 |
125 |
|
39c |
1 |
1986 |
5 |
39 |
a La
indicación “4” señala que parece que se publicaron los cuatro números de una
sola vez.
A partir de ese año hemos indicado las veces que se
publicó realmente. Los dos números de
cada uno de los anos 1983, 1984 y 1985 fueron dobles.
b Los
volúmenes 30–31 y 32–33 se publicaron en un solo número cada uno, que cubrieron
los
años 1977–1978 y 1979–1980, respectivamente.
c En 1985 y 1986 ya se publicaba Microbiología SEM.
revista podría aparecer
después del siguiente congreso nacional (en Santiago de Compostela, 1977;
véase García Mendoza 1995, Parte II). Se trató de nuevo el tema en ese congreso.
Varias personas intervinieron en esta fase de preparación; entre ellas, podemos
destacar a Antonio Portolés, director de tesis de uno de nosotros (RL). El
nombre de Biología Microbiana llegó a registrarse oficialmente. Pero, debido
principalmente a la falta de originales, la nueva publicación no llegó a
hacerse realidad. Como último recurso, se pensó en fusionarla con el Boletín Informativo, que,
por iniciativa de Julio R. Villanueva, ayudado por Federico Uruburu, había
comenzado a publicarse en Salamanca en diciembre de 1972.
Al no
haberse podido plasmar la idea de esta nueva revista, la Junta Directiva de la SEM
decidió en 1980 seguir colaborando con el Instituto Jaime Ferrán en la
publicación de Microbiología Española. Se acordó que, decisiones que se
tomasen. Pero a partir de 1984 la situación a partir de entonces, la SEM
debería formar parte tanto del Consejo de Dirección como del Comité de
Redacción, y que participaría en todas las de coedición de Microbiología
Española se hizo insostenible, por lo que se decidió, esta vez con éxito,
lanzar la nueva revista. A última hora, se cambió el nombre de Biología
Microbiana (que a algunas personas de la Junta les pareció demasiado
“básico” y poco clínico), por el más general de Microbiología. Este
nombre también se intentó ―fallidamente― registrar, con la fuerte
oposición de algunas personas del Instituto Jaime Ferrán y con las consecuencias
que hemos visto.
Dado que
el nombre se prestaba a confusión, porque había en el mundo otras revistas con ese
mismo título ―llegamos a contar hasta siete―, a veces se le añadían
las siglas de la Sociedad, que aparecían ―verdad es que a una
considerable distancia― en la portada. Incluso la tipografía de los primeros
años fue errática, ya que podemos leer tanto MICROBIOLOGÍA, como Microbiología (parece lo mismo, pero no lo es; las segundas son
letras versales), y también Microbiología.SEM (adelantándonos con ello muchos años a la
“sintaxis” de la actual separación de dominios en Internet). A partir de 1994,
Ricardo Guerrero fijó el nombre “ilegal”, y pasamos a la nomenclatura binomial
y cursiva (Microbiología SEM) siempre que la citábamos, aunque en la
portada seguía manteniéndose una prudente separación entre la denominación
“genérica” y la “específica”, y las letras seguían siendo de tipo “redondo” y
“de palo recto” (sans serif). El nombre no debía de ser tan malo porque
finalmente la prestigiosa Society for General Microbiology nos lo “usurpó” en
1994, cuando cambió el nombre de su revista oficial (Journal of General
Microbiology) al de Microbiology. O sea, que desde
|
|
FIGURA 2. Carta de la SGM a Microbiología
SEM en 1997
1994 a 1997 disfrutamos de un nombre no
solamente ilegal en España sino compartido internacionalmente
por un “gran hermano” británico (el cual, por cierto, tiene nuestra misma edad) (Fig. 2), y con un hermano ruso (la
tradicional Microbiologyia de Moscú), que es anterior y con la cual nos
confundieron a veces.
La revista Microbiología SEM. Primera
y segunda etapa (1985 a 1993)
Los tres directores (o editores coordinadores, o editores-jefe, que de todas estas maneras se han llamado) que tuvo Microbiología SEM fueron: Rubens López (1985–1989), José Antonio Ordóñez (1990–1993) y Ricardo Guerrero (1994–1997). La idea de la nueva revista se hizo realidad gracias a los esfuerzos coordinados de César Nombela, por aquel entonces presi