Guerrero R, López R. 2002. Scientific journals of the SEM. In: García Mendoza C (coord.). History of the SEM in the XX century. Editorial Centro de Estudios Ramón Areces, S.A., pp 143–182

 

 

Ricardo Guerrero1 y Rubens López2.

 

Universidad de Barcelona1, Centro de Investigaciones Biológicas, CSIC, Madrid2

 

 

 

 

 

 

 

 

Apéndice II

 

LA(S) REVISTA(S) CIENTÍFICAS

DE LA SEM:

EL TESÓN DE LO IMPROBABLE

 

 

 

Las revistas científicas

 

Una revista científica es una publicación periódica ―hasta hace poco exclusivamente impresa― cuya finalidad es la comunicación y transmisión del conocimiento científico, especialmente de los avances que se producen en un determinado campo. Sus características están determinadas por la comunidad a la que se dirige y por el área temática que cubre. Las primeras revistas científicas correspondían a campos muy generales que abarcaban lo que llamamos ciencia en sentido estricto ―las ciencias matemáticas y de la naturaleza. A partir del siglo XIX aparecieron otras revistas que correspondían a las humanidades ―filosofía, lingüística, sociología, etc.

La primera revista científica de la que tenemos noticia es la francesa Journal des Savants, fundada en 1665. El mismo año, la Royal Society de Londres inició la publicación de una revista que aún existe hoy día, The Phylosophical Transactions of the Royal Society. Aquél fue un año fecundo en la cosecha de la publicación científica, ya que también, recordemos, vio la luz el libro Micrographia, de Robert Hooke, el acta fundacional de la microscopia y, por extensión, de la biología. Durante el resto del siglo XVII y todo el XVIII las diversas revistas que fueron apareciendo eran las publicaciones oficiales de sociedades científicas de prestigio. En la segunda mitad del siglo XIX surgieron revistas independientes de sociedades, que iban destinadas a un sector determinado de científicos. Nature, que no era el órgano de ninguna institución sabia, fue fundada por Norman Lockyer en 1869 con el objetivo, entre otros, de publicar las cartas y comunicaciones de Charles Darwin. La aparición (en 1859) de la obra de Darwin On the Origin of Species by Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life actuó de fermento sobre la intelectualidad victoriana de Gran Bretaña. Nature fue desde el principio una revista independiente que no tenía el respaldo, ni económico ni científico, de ninguna institución. En cuanto a la financiación, tuvo sus problemas durante los primeros años. Por lo que respecta a la garantía científica, desde el principio contó con colabo­radores destacados, como John Tyndall o Thomas H. Huxley. Todavía ahora es una revista dedicada parcialmente al periodismo científico, con secciones de información general sobre la comunidad científica y los avances de la ciencia, de opinión, necrológicas, revisiones de libros, etc. Y muchos lecto­res lo que buscan principalmente son esas páginas. Sin embargo, lo que con­fiere a Nature el calificativo de “prestigiosa” con que se la suele adjetivar en los medios ―y, por supuesto, el alto “factor de impacto” que tiene―, es la sección de artículos de revisión (Review Articles), la de artículos de investi­gación primaria (Articles) y las comunicaciones (Letters to Nature), que sue­len ser artículos cortos. A pesar de su título, Letters no es una sección de car­tas de los lectores, las cuales están en la sección Correspondence.

      En el siglo XX, además de las revistas publicadas por instituciones ―sociedades científicas, universidades, facultades, organismos guberna­mentales de investigación, centros de investigación, etc.―, aparecieron muchas que dependían de editoriales privadas, solas o en colaboración con instituciones científicas. Entre las que pertenecen a una institución científi­ca están Proceedings of the National Academy of Sciences of the USA ―habitualmente abreviada como PNAS―, publicada por la sociedad nortea­mericana de su nombre, entidad que es la máxima autoridad científica del país; Journal of Bacteriology y el resto de las que edita la American Society for Microbiology; Microbiology, publicada por la Society for General Microbiology (Reino Unido). Entre las que pertenecen a conocidas editoria­les tenemos, además de la ya citada Nature, Virology o Archives for Micro­biology (Macmillan, Academic y Springer, respectivamente). Caso especial es Science; aunque pertenece a la American Association for the Advance­ment of Science, su difusión, comercialización, prestigio e impacto viven una vida bastante separada de la de la sociedad que la edita.

Hoy día, muchas de las revistas que tienen prestigio en la comunidad científica son, independientemente de su calidad intrínseca, un producto de mercado. Además, para muchas editoriales, un negocio seguro y creciente, donde con una mínima propaganda se aseguran la venta anual de un pro­ducto caro; con unos precios que se pueden “actualizar” sin temor a la com­petencia y sin posibilidades de protesta por parte del comprador, general­mente sólo instituciones, debido a su precio prohibitivo. Los libros científi­cos no seriados tradicionales, en cambio, necesitan una propaganda y comer­cialización específicas para cada caso, quedan anticuados en seguida, no pueden colocarse en el mercado general y, finalmente, son un engorro para la editorial al cabo de poco tiempo, por lo que una parte no despreciable de la edición acaba sus días, a la infantil edad de tres a cinco años, convertida en pasta de papel. Actualmente, las editoriales científicas más potentes deben la mayor parte de sus beneficios no a los libros ―como era tradicio­nal―, sino a las revistas, ya que tienen la venta asegurada antes de su apa­rición porque se distribuyen por suscripción. Además, si “el producto” se dedica a un campo aplicado, como muchas especialidades de la medicina o de la ingeniería, se obtienen notables ingresos adicionales por la abundante publicidad.

Se calcula que en la actualidad existen más de 100.000 revistas científi­cas. En 1997, cuando uno de nosotros (RG) pidió al Centro de Información y Documentación del CSIC que mirara cuántas revistas europeas ―sólo― relacionadas con la microbiología existían, la lista inicial llegó a las 200 (!). Después de cuidadosa depuración, y de quedarse con las más estrictamente relacionadas, la lista se redujo a ―sólo― 146 (Ronda & Vázquez 1997). En la actualidad, muchas revistas están pasando a tener dos ediciones, la habi­tual en papel y la electrónica. Algunas revistas nuevas se publican ahora exclusivamente en su versión electrónica y, en muchos casos, su calidad y rigurosidad están fuera de duda, porque mantienen el sistema de evaluación y selección de originales que practicarían si se editaran en papel. Microbiologia SEM se publicó en 1996 y 1997―los dos últimos años de su existen­cia― también en versión electrónica, gracias al empeño de Jesús García-Gil, de la Universidad de Gerona (Piqueras 1997, García-Gil 1997). Internatio­nal Microbiology está en Internet desde el primer número. Los años 1998–2000, a nuestro cargo, en <www.im.microbios.org>; desde 2001, a cargo de SpringerVerlag,en <http://link.springer.de/link/service/journals/­10123/index.htm>. De los tres primeros años, los artículos completos son de libre acceso; a partir de 2001, sólo los índices y resúmenes, pero los socios de la SEM y los suscriptores de la revista tienen acceso a los artículos completos.

 


Revistas, artículos y separatas

 

Las revistas científicas están subdivididas en unidades llamadas “artícu­los”. Cada artículo lleva, una vez publicado el número donde ven la luz, una vida propia. Tienen autores y temas diferentes de los otros trabajos del resto del número. Una vez impresos en forma separada (“separata”, que si respe­tásemos más nuestro latín original sería separatum), se distribuyen y citan de manera totalmente independiente. Tanto, que muchos autores no hemos visto nunca un ejemplar completo de alguna de las revistas donde hemos publicado nuestros artículos. Esta vida independiente sólo se ha interrumpi­do en los últimos tiempos a la hora de citar “el factor de impacto (FI) del artículo”, concepto equivocado porque se refiere siempre al FI de la revista en conjunto en el año concreto en el que se publicó el artículo en cuestión (Guerrero 2001a, Piqueras 2002).

Los artículos de las primeras revistas científicas eran casi exclusivamen­te descriptivos; sus autores explicaban sus observaciones y, en ocasiones, las deducciones extraídas. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la experi­mentación inductiva adquiere gran importancia, y los artículos deben no sólo exponer las observaciones y deducciones realizadas sino detallar los métodos empleados, de tal manera que otros investigadores puedan verificar o falsar las afirmaciones realizadas. En la actualidad, la mayor parte de los artículos contienen “investigación primaria” y constituyen la primera comu­nicación completa por escrito de una investigación concreta, con sus prece­dentes, metodología, resultados y comentarios. La fecha de publicación es importante, porque, en caso de discusión de la autoría de un descubrimiento entre dos o más artículos, se respeta la prioridad cronológica. Hay también “artículos de revisión”, que describen la situación contemporánea de algún campo de investigación; sus autores pueden ser algunos de los responsables de esa investigación o bien otros científicos conocedores del tema. La estructura del número de la revista puede hacerse más compleja e incluir también “editoriales”, “cartas”, artículos de opinión y perspectiva, revisio­nes de libros, comentarios de reuniones, etc. (Sharp 2001).

La revista de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), al margen de diferencias propias de cada época, ha seguido ese esquema: la mayor parte de los artículos han sido de investigación primaria y de revisión. Estos artículos son el núcleo fundamental de una revista científica, los que los autores pre­paran para comunicar su investigación y los colegas buscan para preparar, mejorar, o justificar la suya. Al aparecer Microbiología Española (1947) se anunciaba que la revista, principalmente, “estará consagrada a la publicación de trabajos estrictamente originales, ...” (las cursivas y la falta de ortografía son del original), pero que “otras secciones estarán dedicadas a bibliografía, [...] resumen de actas de las sesiones y breves noticias de interés para los socios [de la Sociedad de Microbiólogos Españoles, que es como empezó lla­mándose la SEM].” Durante toda su existencia, Microbiología Española mantuvo esa tónica. La nueva revista, Microbiología SEM, publicó a partir de 1985, además de artículos de investigación primaria, minirrevisiones de temas de interés general. Finalmente, a partir de 1994 cada número de Micro­biología SEM contenía dos tipos de artículos: los que llamábamos “Investi­gación” (que eran de una a tres minirrevisiones, o “investigación secundaria”, más un número variable de artículos de presentación de resultados propios, o “investigación primaria”) y los que agrupábamos bajo el nombre de “Com­plementos” (que eran editoriales, artículos de opinión y/o perspectivas, recen­siones de libros, recuerdo de la vida y obra de científicos españoles o extran­jeros, etc.). Estos Complementos enriquecieron la publicación tratando temas de interés general en microbiología, o temas generales vistos desde la pers­pectiva de la microbiología, y cumpliendo, una vez más, la vocación genera­lista y formadora de la SEM. Merecen especial mención los que se dedicaron a la historia de nuestra Sociedad, a la propia revista y al estado de la micro­biología en América Latina (véase la p. 515 de Mas Castellà 1997). Muchos de esos artículos “complementarios” han sido citados e incluso reproducidos íntegramente en diversas publicaciones extranjeras, lo que indica que nuestra revista se lee en diversas partes del mundo. En International Microbiology se ha mantenido ese esquema general, donde destaca la calidad de los editoria­les, que se encargan a distintos expertos para que nos den su visión particu­lar del campo donde trabajan. Estos editoriales no constituyen la opinión de la revista (ya que son responsabilidad de quienes los firman), ni por supues­to de la SEM, pero son muy coherentes con la idea de nuestra Sociedad de agrupar opiniones diversas con un objetivo colectivo: el progreso de la micro­biología (in pluribus unum).

Y sin más preámbulo, pasemos a recordar lo que tuvimos, para describir lo que tenemos. Entre lo que tuvimos, está la historia de la revista, desde 1947 hasta nuestros días, un recorrido en tres etapas muy dispares en carác­ter y extensión (el primero de 38 años, el segundo de 13, y el actual, de sólo 4). Al final de este trabajo recapitularemos sobre cuatro aspectos que son esenciales en una revista moderna y que han sido objeto de discusión a la hora de dirigir y enjuiciar nuestra publicación oficial: la utilización del inglés, el sistema de evaluación por expertos (peer review), la publicación electrónica y los índices de citación internacionales (Current Contents, etc.).

 


La revista Microbiología Española (1947–1986)

 

Las revistas de la SEM han sido tres: Microbiología Española (1947–1986), Microbiología SEM (1985–1997) e International Microbio­logy (desde 1998). Aunque diferentes en presentación, contenido y aspira­ciones, constituyen una línea de continuidad que justifica los paréntesis del título de este trabajo. Dicha continuidad fue claramente descrita en la pre­sentación de la benjamina, International Microbiology, por el entonces pre­sidente de la SEM (Ruiz Berraquero 1998).

Microbiología Española (Fig. 1) se fundó en 1947. Sus avatares, logros y debilidades han sido narrados en la serie de artículos sobre la historia de la SEM de Concepción (siempre Conchita) García Mendoza (1995–1996) reproducidos en este libro, en Isamat et al. (1996) y en Mas-Castellà (1997). Desde su aparición hasta 1984 fue editada conjuntamente por el Instituto Jaime Ferrán de Microbiología (del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC) y por la SEM. Puede sorprendernos que el primer núme­ro empezara con la reproducción del texto de una conferencia de Luis Náje­ra Angulo titulada “La guerra bioparasitológica”, un tema tan desgraciada­mente actual todavía. La revista alcanzó cierto prestigio y se citaba en varios índices internacionales. Le cupo el honor de publicar el artículo que propu­so la creación del nuevo género Bordetella. Este articulo (de Manuel More­no López, Microbiol. Esp. 5:177–181 [1952]) ha sido citado en multitud de trabajos y libros de taxonomía, entre ellos varias ediciones de los Bergey's Manual. La época de mayor impulso de la revista fue la década entre los años 1953 y 1962, llegándose en dos de ellos (1955 y 1956) a publicar más de 500 páginas. Sin embargo, a partir de entonces fue decayendo lentamen­te, hasta el punto de que en 1985 la SEM dejó de colaborar con el Instituto Jaime Ferrán y decidió iniciar por su cuenta la publicación de Microbiología SEM. El Instituto Jaime Ferrán aún publicó dos números más de Microbio­logía Española independientemente de la SEM, en los años 1985 y 1986. Los últimos números tenían un aspecto escuálido, pero sirvieron, una vez más, para demostrar el tesón de los pioneros: publicaron los últimos artícu­los a los que se habían comprometido.

El año 1985 se reorganizó el CSIC y desapareció, entre otros, el Institu­to Jaime Ferrán. El último número de Microbiología Española, que apareció en noviembre de 1986, constaba de 5 artículos, sólo 39 páginas y contenía el epitafio, triste pero digno, de la revista: “[...] El Equipo editorial, al des­pedirse, quiere hacer constar su agradecimiento a los lectores, muy espe­cialmente, y a todos cuantos con su colaboración en las diferentes tareas,

 


 

 

FIGURA 1. Portadas del primer (1947) y último (1986) número de Microbiología Española

 

 

asesoramiento, organización, redacción, imprenta, han permitido la publica­ción de la revista que, después de treinta y nueve años de existencia, cierra con este volumen su colección.” Hay que decir a fuer de sinceros, que la separación de ambas revistas no fue amigable precisamente. Los responsa­bles del Instituto reclamaron ante el Registro de la Propiedad Industrial por considerar que el nuevo nombre (Microbiología) usurpaba el anterior. Ese organismo dio la razón a los demandantes, y por ello gozamos ―sin saber­lo― de un nombre “ilegal” durante toda la vida de la segunda revista (1985–1997).

Quedan pocas colecciones completas de Microbiología Española. El estudio detallado de sus trabajos, temas y autores (Vázquez & Ronda, este libro) proporcionaría una visión, a veces descorazonadora, a veces esperan­zada, de una microbiología autárquica, alejada de las corrientes interna­cionales. Pero no podemos olvidar que eso era fiel reflejo de la situación de España en las décadas de 1940 y de 1950. A pesar del aislamiento, se apre­cian los tímidos intentos de abrirse al exterior, el interés en convocar científicos extranjeros de reconocido prestigio, para aprender de ellos. Y el esfuer­zo de algunos de los microbiólogos jóvenes ―en aquella época― para salir al extranjero a perfeccionar conocimientos y volver al país a poner en práctica lo aprendido. Rodaron por el mundo y volvieron, insuflando aires nue­vos en un país de ambiente enrarecido. Puede decirse, viendo la situación actual, que a pesar de las dificultades pudieron volver; ahora, hubieran teni­do muchos obstáculos, porque el aire ha vuelto a enrarecerse. Sin duda, los fundamentos del magnífico edificio de la microbiología española que se fue levantando en las décadas de 1970 y 1980 se apoyan en parte en aquellos cimientos y aires renovadores. Además de otros méritos, no podemos negar a aquella primera época de la microbiología española los del esfuerzo, la continuidad y la esperanza.

Microbiología Española se proponía sacar cuatro números individuales al año, pero eso se logró pocas veces (por ejemplo, en 1953). Cada volumen (año) tenía oficialmente cuatro números, pero lo más frecuente era que éstos aparecieran agrupados de dos en dos. De 1947 a 1952 hubo uno o dos núme­ros dobles por año (con la excepción de 1948, año en que no se publicó la revista), que podían ser el 3–4 o el 2–3. Por otra parte, hay dos cosas que hacen difícil saber cuántas veces por año apareció realmente la revista: la primera es que las bibliotecas suelen quitar las cubiertas de los números individuales al encuadernar el volumen anual; la segunda es que entre los años 1958 y 1967 la revista publicó un único índice, que correspondía a todo el año. Por ello, en la columna correspondiente de la Tabla 1 se indican 4 números hasta 1976, aunque no tengamos constancia de que siempre fuese así. A partir de 1976 se hace evidente que la revista tiene serias dificultades para publicar incluso un solo volumen-número anual. En la Tabla 1 se expo­nen los años y números de la primera revista y el número de artículos y de páginas que contenían. Para elaborar esa Tabla contamos en su día (1996) con la ayuda inestimable de Sara I. Pérez Prieto y de las bibliotecarias del Centro de Investigaciones Biológicas (CIB), María Antonia Hermida Gon­zález y Concepción López Hermida.

 

 

La nonata Biología Microbiana y la transición penosa

 

La idea de lanzar una nueva publicación ya se había discutido, si no antes, en 1976. En la Junta Directiva de la SEM celebrada con ocasión del I Congreso de la Federación Española de Sociedades de Biología Experi­mental (FESBE, Madrid), siendo presidente de la SEM Fernando Baquero, se decidió publicar una nueva revista. Se acordó llamarla Biología Micro­biana, y se nombró editor-jefe (director) de la misma a Jorge López Tello, que ocupaba el cargo de bibliotecario en la Junta Directiva de la SEM. Dicha

 


Tabla 1. Volúmenes y números de Microbiología Española

(1947–1986)

 

Vol.

Núm.

Año

Artículos

Páginas

01

4

1947

15

317

02

4

1949

11

283

03

4

1950

16

247

04

4

1951

13

209

05

4

1952

12

213

06

4

1953

17

414

07

4

1954

16

328

08

4

1955

14

523

09

4

1956

26

504

10

4

1957

23

485

11

4

1958

24

431

12

4

1959

23

438

13

4

1960

24

414

14

4

1961

22

268

15

4

1962

23

307

16

4

1963

27

280

17

4

1964

21

254

18

4

1965

16

250

19

4

1966

24

346

20

4

1967

18

250

21

4

1968

20

240

22

4

1969

25

286

23

4

1970

23

306

24

4

1971

24

302

25

3

1972

25

289

26

3

1973

17

199

27

2

1974

19

326

28

4

1975

15

178

29a

“4”

1976

13

156

3031b

1

1977–78

15

142

3233b

1

1979–80

12

123

34

1

1981

9

90

35

1

1982

6

76

36

2

1983

14

132

37

1

1984

13

119

38c

2

1985

15

125

39c

1

1986

5

39

 

a La indicación “4” señala que parece que se publicaron los cuatro números de una sola vez.

A partir de ese año hemos indicado las veces que se publicó realmente. Los dos números de

cada uno de los anos 1983, 1984 y 1985 fueron dobles.

b Los volúmenes 30–31 y 32–33 se publicaron en un solo número cada uno, que cubrieron los

años 1977–1978 y 1979–1980, respectivamente.

c En 1985 y 1986 ya se publicaba Microbiología SEM.

 

 


revista podría aparecer después del siguiente congreso nacional (en Santia­go de Compostela, 1977; véase García Mendoza 1995, Parte II). Se trató de nuevo el tema en ese congreso. Varias personas intervinieron en esta fase de preparación; entre ellas, podemos destacar a Antonio Portolés, director de tesis de uno de nosotros (RL). El nombre de Biología Microbiana llegó a registrarse oficialmente. Pero, debido principalmente a la falta de originales, la nueva publicación no llegó a hacerse realidad. Como último recurso, se pensó en fusionarla con el Boletín Informativo, que, por iniciativa de Julio R. Villanueva, ayudado por Federico Uruburu, había comenzado a publicarse en Salamanca en diciembre de 1972.

Al no haberse podido plasmar la idea de esta nueva revista, la Junta Directiva de la SEM decidió en 1980 seguir colaborando con el Instituto Jaime Ferrán en la publicación de Microbiología Española. Se acordó que, decisiones que se tomasen. Pero a partir de 1984 la situación a partir de entonces, la SEM debería formar parte tanto del Consejo de Dirección como del Comité de Redacción, y que participaría en todas las de coedición de Microbiología Española se hizo insostenible, por lo que se decidió, esta vez con éxito, lanzar la nueva revista. A última hora, se cambió el nombre de Biología Microbiana (que a algunas personas de la Junta les pareció demasiado “básico” y poco clínico), por el más general de Microbiología. Este nombre también se intentó ―fallidamente― registrar, con la fuerte oposición de algunas personas del Instituto Jaime Ferrán y con las conse­cuencias que hemos visto.

Dado que el nombre se prestaba a confusión, porque había en el mundo otras revistas con ese mismo título ―llegamos a contar hasta siete―, a veces se le añadían las siglas de la Sociedad, que aparecían ―verdad es que a una considerable distancia― en la portada. Incluso la tipografía de los pri­meros años fue errática, ya que podemos leer tanto MICROBIOLOGÍA, como Microbiología (parece lo mismo, pero no lo es; las segundas son letras versales), y también Microbiología.SEM (adelantándonos con ello muchos años a la “sintaxis” de la actual separación de dominios en Internet). A partir de 1994, Ricardo Guerrero fijó el nombre “ilegal”, y pasamos a la nomenclatura binomial y cursiva (Microbiología SEM) siempre que la citá­bamos, aunque en la portada seguía manteniéndose una prudente separación entre la denominación “genérica” y la “específica”, y las letras seguían sien­do de tipo “redondo” y “de palo recto” (sans serif). El nombre no debía de ser tan malo porque finalmente la prestigiosa Society for General Microbio­logy nos lo “usurpó” en 1994, cuando cambió el nombre de su revista ofi­cial (Journal of General Microbiology) al de Microbiology. O sea, que desde

 


 

 

FIGURA 2. Carta de la SGM a Microbiología SEM en 1997

 

 

 

1994 a 1997 disfrutamos de un nombre no solamente ilegal en España sino compartido internacionalmente por un “gran hermano” británico (el cual, por cierto, tiene nuestra misma edad) (Fig. 2), y con un hermano ruso (la tra­dicional Microbiologyia de Moscú), que es anterior y con la cual nos con­fundieron a veces.

 

 


La revista Microbiología SEM. Primera y segunda etapa (1985 a 1993)

 

Los tres directores (o editores coordinadores, o editores-jefe, que de todas estas maneras se han llamado) que tuvo Microbiología SEM fueron: Rubens López (1985–1989), José Antonio Ordóñez (1990–1993) y Ricardo Guerrero (1994–1997). La idea de la nueva revista se hizo realidad gracias a los esfuerzos coordinados de César Nombela, por aquel entonces presi