| Guerrero R, López R. 2002. Scientific journals of the SEM. In: García Mendoza C (coord.). History of the SEM in the XX century. Editorial Centro de Estudios Ramón Areces, S.A., pp 143–182 |
Ricardo
Guerrero1 y Rubens López2.
Universidad
de Barcelona1, Centro de Investigaciones Biológicas, CSIC, Madrid2
Apéndice
II
LA(S)
REVISTA(S) CIENTÍFICAS
DE LA
SEM:
EL
TESÓN DE LO IMPROBABLE
Las revistas científicas
Una revista científica es una
publicación periódica ―hasta hace poco exclusivamente
impresa― cuya finalidad es la comunicación y transmisión del conocimiento
científico, especialmente de los avances que se producen en un determinado
campo. Sus características están determinadas por la comunidad a la que se
dirige y por el área temática que cubre. Las primeras revistas científicas
correspondían a campos muy generales que abarcaban lo que llamamos ciencia en
sentido estricto ―las ciencias matemáticas y de la naturaleza. A partir
del siglo XIX aparecieron otras revistas que correspondían a las humanidades
―filosofía, lingüística, sociología, etc.
La primera revista científica de la
que tenemos noticia es la francesa Journal des Savants, fundada en 1665.
El mismo año, la Royal Society de Londres inició la publicación de una
revista que aún existe hoy día, The Phylosophical Transactions of the Royal Society. Aquél fue un año fecundo en la cosecha de la
publicación científica, ya que también, recordemos, vio la luz el libro Micrographia,
de Robert Hooke, el acta fundacional de la microscopia y, por extensión, de
la biología. Durante el resto del siglo XVII y todo el XVIII las diversas revistas que fueron
apareciendo eran las publicaciones oficiales
de sociedades científicas de prestigio. En la segunda mitad del siglo XIX surgieron revistas independientes de
sociedades, que iban destinadas a un
sector determinado de científicos. Nature, que no era el órgano de ninguna institución sabia, fue fundada por
Norman Lockyer en 1869 con el objetivo, entre otros, de publicar las cartas y
comunicaciones de Charles Darwin. La aparición (en 1859) de la obra de
Darwin On the Origin of Species by Natural Selection, or the Preservation of
Favoured Races in the Struggle for Life actuó de fermento sobre la
intelectualidad victoriana de Gran Bretaña. Nature fue desde el
principio una revista independiente que no tenía el respaldo, ni económico ni
científico, de ninguna institución. En cuanto a la financiación, tuvo sus
problemas durante los primeros años. Por lo que respecta a la garantía
científica, desde el principio contó con colaboradores destacados, como John
Tyndall o Thomas H. Huxley. Todavía ahora es una revista dedicada parcialmente
al periodismo científico, con secciones de información general sobre la
comunidad científica y los avances de la ciencia, de opinión, necrológicas,
revisiones de libros, etc. Y muchos lectores lo que buscan principalmente son
esas páginas. Sin embargo, lo que confiere
a Nature el calificativo de “prestigiosa” con que se la suele adjetivar
en los medios ―y, por supuesto, el alto “factor de impacto” que
tiene―, es la sección de artículos de revisión (Review Articles), la
de artículos de investigación primaria (Articles) y las comunicaciones (Letters
to Nature), que suelen ser artículos cortos. A pesar de su título, Letters
no es una sección de cartas de los lectores, las cuales están en la
sección Correspondence.
En el siglo XX, además de las
revistas publicadas por instituciones ―sociedades
científicas, universidades, facultades, organismos gubernamentales de investigación, centros de
investigación, etc.―, aparecieron muchas que dependían de editoriales
privadas, solas o en colaboración con instituciones científicas. Entre las que
pertenecen a una institución científica están Proceedings of the National
Academy of Sciences of the USA ―habitualmente abreviada como
PNAS―, publicada por la sociedad norteamericana de su nombre, entidad
que es la máxima autoridad científica del país; Journal of Bacteriology y
el resto de las que edita la American Society for Microbiology; Microbiology,
publicada por la Society for General Microbiology (Reino Unido). Entre las que pertenecen a conocidas editoriales
tenemos, además de la ya citada Nature, Virology o Archives for Microbiology
(Macmillan, Academic y Springer, respectivamente). Caso especial es Science;
aunque pertenece a la American Association for the Advancement of Science,
su difusión, comercialización, prestigio e impacto viven una vida bastante
separada de la de la sociedad que la edita.
Hoy día,
muchas de las revistas que tienen prestigio en la comunidad científica son, independientemente de su calidad
intrínseca, un producto de mercado.
Además, para muchas editoriales, un negocio seguro y creciente, donde con una mínima propaganda se aseguran la
venta anual de un producto caro; con unos precios que se pueden “actualizar”
sin temor a la competencia y sin posibilidades de protesta por parte del
comprador, generalmente sólo instituciones, debido a su precio prohibitivo.
Los libros científicos no seriados
tradicionales, en cambio, necesitan una propaganda y comercialización
específicas para cada caso, quedan anticuados en seguida, no pueden colocarse en el mercado general y,
finalmente, son un engorro para la editorial al cabo de poco tiempo, por lo que
una parte no despreciable de la edición acaba sus días, a la infantil edad de
tres a cinco años, convertida en pasta de papel. Actualmente, las editoriales
científicas más potentes deben la mayor parte de sus beneficios no a los libros
―como era tradicional―, sino a las revistas, ya que tienen la
venta asegurada antes de su aparición porque se distribuyen por suscripción.
Además, si “el producto” se dedica a un campo aplicado, como muchas
especialidades de la medicina o de la ingeniería, se obtienen notables ingresos
adicionales por la abundante publicidad.
Se calcula
que en la actualidad existen más de 100.000 revistas científicas. En 1997, cuando uno de nosotros (RG) pidió al Centro de
Información y Documentación del CSIC que mirara cuántas revistas europeas
―sólo― relacionadas con la microbiología existían, la lista inicial
llegó a las 200 (!). Después de cuidadosa depuración, y de quedarse con las más
estrictamente relacionadas, la lista se redujo a ―sólo― 146 (Ronda
& Vázquez 1997). En la actualidad, muchas revistas están pasando a tener
dos ediciones, la habitual en papel y la electrónica. Algunas revistas nuevas
se publican ahora exclusivamente en su versión electrónica y, en muchos casos,
su calidad y rigurosidad están fuera de duda, porque mantienen el sistema de
evaluación y selección de originales que practicarían si se editaran en papel. Microbiologia
SEM se publicó en 1996 y 1997―los dos últimos años de su existencia― también en
versión electrónica, gracias al empeño de Jesús García-Gil, de la Universidad de
Gerona (Piqueras 1997, García-Gil 1997). International Microbiology está en Internet desde el
primer número. Los años 1998–2000, a nuestro cargo, en
<www.im.microbios.org>; desde 2001, a cargo de SpringerVerlag,en
<http://link.springer.de/link/service/journals/10123/index.htm>. De
los tres primeros años, los artículos completos son de libre acceso; a partir de
2001, sólo los índices y resúmenes, pero los socios de la SEM y los suscriptores
de la revista tienen acceso a los artículos completos.
Revistas, artículos y
separatas
Las revistas científicas están subdivididas en unidades
llamadas “artículos”. Cada artículo lleva, una vez publicado el número donde
ven la luz, una vida propia. Tienen autores y temas diferentes de los otros
trabajos del resto del número. Una vez impresos en forma separada (“separata”,
que si respetásemos
más nuestro latín original sería separatum), se distribuyen y citan de
manera totalmente independiente. Tanto, que muchos autores no hemos visto nunca
un ejemplar completo de alguna de las revistas donde hemos publicado nuestros
artículos. Esta vida independiente sólo se ha interrumpido en los últimos
tiempos a la hora de citar “el factor de impacto (FI) del artículo”, concepto
equivocado porque se refiere siempre al FI de la revista en conjunto en
el año concreto en el que se publicó el artículo en cuestión (Guerrero
2001a, Piqueras 2002).
Los artículos de las primeras revistas científicas eran
casi exclusivamente
descriptivos; sus autores explicaban sus observaciones y, en ocasiones, las
deducciones extraídas. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la experimentación inductiva
adquiere gran importancia, y los artículos deben no sólo exponer las observaciones
y deducciones realizadas sino detallar los métodos empleados, de tal manera que
otros investigadores puedan verificar o falsar las afirmaciones realizadas. En
la actualidad, la mayor parte de los artículos contienen “investigación
primaria” y constituyen la primera comunicación completa por escrito de una
investigación concreta, con sus precedentes, metodología, resultados y
comentarios. La fecha de publicación es importante, porque, en caso de
discusión de la autoría de un descubrimiento entre dos o más artículos, se
respeta la prioridad cronológica. Hay también “artículos de revisión”, que
describen la situación contemporánea de algún campo de investigación; sus
autores pueden ser algunos de los responsables de esa investigación o bien
otros científicos conocedores del tema. La estructura del número de la revista
puede hacerse más compleja e incluir también “editoriales”, “cartas”, artículos
de opinión y perspectiva, revisiones de libros, comentarios de reuniones, etc.
(Sharp 2001).
La revista
de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), al margen de diferencias propias de cada época, ha seguido ese
esquema: la mayor parte de los artículos han sido de investigación primaria y
de revisión. Estos artículos son el
núcleo fundamental de una revista científica, los que los autores preparan
para comunicar su investigación y los colegas buscan para preparar, mejorar, o
justificar la suya. Al aparecer Microbiología Española (1947) se anunciaba que la revista, principalmente, “estará
consagrada a la publicación de trabajos estrictamente originales, ...” (las
cursivas y la falta de ortografía son del original), pero que “otras secciones estarán
dedicadas a bibliografía, [...] resumen de actas de las sesiones y breves
noticias de interés para los socios [de la Sociedad de Microbiólogos Españoles,
que es como empezó llamándose la SEM].” Durante toda su existencia, Microbiología
Española mantuvo esa tónica. La nueva revista, Microbiología SEM, publicó
a partir de 1985, además de artículos de investigación primaria,
minirrevisiones de temas de interés general. Finalmente, a partir de 1994 cada
número de Microbiología SEM contenía dos tipos de artículos: los que
llamábamos “Investigación” (que eran de una a tres minirrevisiones, o
“investigación secundaria”, más un número variable de artículos de presentación
de resultados propios, o “investigación primaria”) y los que agrupábamos bajo
el nombre de “Complementos” (que eran editoriales, artículos de opinión y/o
perspectivas, recensiones de libros, recuerdo de la vida y obra de científicos
españoles o extranjeros, etc.). Estos Complementos enriquecieron la
publicación tratando temas de interés general en microbiología, o temas
generales vistos desde la perspectiva de la microbiología, y cumpliendo, una
vez más, la vocación generalista y formadora de la SEM. Merecen especial
mención los que se dedicaron a la historia de nuestra Sociedad, a la propia
revista y al estado de la microbiología en América Latina (véase la p. 515 de
Mas Castellà 1997). Muchos de esos artículos “complementarios” han sido citados
e incluso reproducidos íntegramente en diversas publicaciones extranjeras, lo
que indica que nuestra revista se lee en diversas partes del mundo. En International
Microbiology se ha mantenido ese esquema general, donde destaca la calidad
de los editoriales,
que se encargan a distintos expertos para que nos den su visión particular del
campo donde trabajan. Estos editoriales no constituyen la opinión de la revista
(ya que son responsabilidad de quienes los firman), ni por supuesto de la SEM,
pero son muy coherentes con la idea de nuestra Sociedad de agrupar opiniones
diversas con un objetivo colectivo: el progreso de la microbiología (in
pluribus unum).
Y sin más
preámbulo, pasemos a recordar lo que tuvimos, para describir lo que tenemos.
Entre lo que tuvimos, está la historia de la revista, desde 1947 hasta nuestros
días, un recorrido en tres etapas muy dispares en carácter y extensión (el
primero de 38 años, el segundo de 13, y el actual, de sólo 4). Al final de este
trabajo recapitularemos sobre cuatro aspectos que son esenciales en una revista
moderna y que han sido objeto de discusión a la hora de dirigir y enjuiciar
nuestra publicación oficial: la utilización del inglés, el sistema de
evaluación por expertos (peer review), la publicación electrónica y los índices
de citación internacionales (Current Contents, etc.).
La revista Microbiología Española (1947–1986)
Las revistas de la SEM han sido tres: Microbiología
Española (1947–1986),
Microbiología SEM (1985–1997) e International Microbiology (desde
1998). Aunque diferentes en presentación, contenido y aspiraciones,
constituyen una línea de continuidad que justifica los paréntesis del título de
este trabajo. Dicha continuidad fue claramente descrita en la presentación de
la benjamina, International Microbiology, por el entonces presidente de
la SEM (Ruiz Berraquero 1998).
Microbiología Española (Fig. 1) se fundó en 1947. Sus avatares, logros y
debilidades han sido narrados en la serie de artículos sobre la historia de la
SEM de Concepción (siempre Conchita) García Mendoza (1995–1996) reproducidos en
este libro, en Isamat et al. (1996) y en Mas-Castellà (1997). Desde su
aparición hasta 1984 fue editada conjuntamente por el Instituto Jaime Ferrán de
Microbiología (del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC) y por
la SEM. Puede sorprendernos que el primer número empezara con la reproducción
del texto de una conferencia de Luis Nájera Angulo titulada “La guerra
bioparasitológica”, un tema tan desgraciadamente actual todavía. La revista alcanzó cierto
prestigio y se citaba en varios índices internacionales. Le cupo el honor de publicar el
artículo que propuso la creación del nuevo género Bordetella. Este
articulo (de Manuel Moreno López, Microbiol. Esp. 5:177–181 [1952]) ha
sido citado en multitud de trabajos y libros de taxonomía, entre ellos varias
ediciones de los Bergey's Manual. La época de mayor impulso de la
revista fue la década entre los años 1953 y 1962, llegándose en dos de ellos
(1955 y 1956) a publicar más de 500 páginas. Sin embargo, a partir de entonces
fue decayendo lentamente, hasta el punto de que en 1985 la SEM dejó de
colaborar con el Instituto Jaime Ferrán y decidió iniciar por su cuenta la
publicación de Microbiología SEM. El Instituto Jaime Ferrán aún publicó
dos números más de Microbiología Española independientemente de la SEM,
en los años 1985 y 1986. Los últimos números tenían un aspecto escuálido, pero
sirvieron, una vez más, para demostrar el tesón de los pioneros: publicaron los últimos
artículos a los que se habían comprometido.
El año 1985 se reorganizó el CSIC y desapareció, entre
otros, el Instituto Jaime Ferrán. El último número de Microbiología Española, que
apareció en noviembre de 1986, constaba de 5 artículos, sólo 39 páginas y
contenía el
epitafio, triste pero digno, de la revista: “[...] El Equipo editorial, al despedirse, quiere hacer constar
su agradecimiento a los lectores, muy especialmente, y a todos cuantos con su colaboración en las
diferentes tareas,
|
|
FIGURA 1. Portadas del primer
(1947) y último (1986) número de Microbiología Española
asesoramiento,
organización, redacción, imprenta, han permitido la publicación de la revista
que, después de treinta y nueve años de existencia, cierra con este volumen su
colección.” Hay que decir a fuer de sinceros, que la separación de ambas
revistas no fue amigable precisamente. Los responsables del Instituto
reclamaron ante el Registro de la Propiedad Industrial por considerar que el
nuevo nombre (Microbiología) usurpaba el anterior. Ese organismo dio la
razón a los demandantes, y por ello gozamos ―sin saberlo― de un
nombre “ilegal” durante toda la vida de la segunda revista (1985–1997).
Quedan pocas colecciones completas de Microbiología
Española. El estudio detallado de sus trabajos, temas y autores (Vázquez
& Ronda, este libro) proporcionaría una visión, a veces descorazonadora, a
veces esperanzada, de una microbiología autárquica, alejada de las corrientes
internacionales. Pero no podemos olvidar que eso era fiel reflejo de la
situación de España en las décadas de 1940 y de 1950. A pesar del aislamiento,
se aprecian los tímidos intentos de abrirse al exterior, el interés en
convocar científicos extranjeros de reconocido prestigio, para aprender de
ellos. Y el esfuerzo de algunos de los microbiólogos jóvenes ―en aquella
época― para salir al extranjero
a perfeccionar conocimientos y volver al país a poner en práctica lo aprendido.
Rodaron por el mundo y volvieron, insuflando aires nuevos en un país de
ambiente enrarecido. Puede decirse, viendo la situación actual, que a pesar de
las dificultades pudieron volver; ahora, hubieran tenido muchos
obstáculos, porque el aire ha vuelto a enrarecerse. Sin duda, los fundamentos
del magnífico edificio de la microbiología española que se fue levantando en
las décadas de 1970 y 1980 se apoyan en parte en aquellos cimientos y aires
renovadores. Además de otros méritos, no podemos negar a aquella primera época
de la microbiología española los del esfuerzo, la continuidad y la esperanza.
Microbiología Española se proponía sacar cuatro números individuales
al año, pero eso se logró pocas veces (por
ejemplo, en 1953). Cada volumen (año) tenía oficialmente cuatro números, pero
lo más frecuente era que éstos aparecieran agrupados de dos en dos. De 1947 a
1952 hubo uno o dos números dobles por año (con la excepción de 1948, año en
que no se publicó la revista), que podían ser el 3–4 o el 2–3. Por otra parte,
hay dos cosas que hacen difícil saber cuántas veces por año apareció realmente
la revista: la primera es que las bibliotecas suelen quitar las cubiertas de
los números individuales al encuadernar el volumen anual; la segunda es que
entre los años 1958 y 1967 la revista publicó un único índice, que correspondía
a todo el año. Por ello, en la columna correspondiente de la Tabla 1 se indican
4 números hasta 1976, aunque no tengamos constancia de que siempre fuese así. A
partir de 1976 se hace evidente que la revista tiene serias dificultades para
publicar incluso un solo volumen-número anual. En la Tabla 1 se exponen los
años y números de la primera revista y el número de artículos y de páginas que contenían. Para elaborar esa Tabla
contamos en su día (1996) con la ayuda inestimable de Sara I. Pérez Prieto y de
las bibliotecarias del Centro de Investigaciones Biológicas (CIB), María
Antonia Hermida González y Concepción López Hermida.
La nonata Biología Microbiana y la
transición penosa
La idea de lanzar una nueva publicación ya se había
discutido, si no antes, en 1976. En la Junta Directiva de la SEM celebrada con ocasión del
I Congreso de la Federación Española de Sociedades de Biología Experimental
(FESBE, Madrid), siendo presidente de la SEM Fernando Baquero, se decidió
publicar una nueva revista. Se acordó llamarla Biología Microbiana, y
se nombró editor-jefe (director) de la misma a Jorge López Tello, que ocupaba el cargo de
bibliotecario en la Junta Directiva de la SEM. Dicha
Tabla 1. Volúmenes y números de Microbiología
Española
(1947–1986)
|
Vol. |
Núm. |
Año |
Artículos |
Páginas |
|
01 |
4 |
1947 |
15 |
317 |
|
02 |
4 |
1949 |
11 |
283 |
|
03 |
4 |
1950 |
16 |
247 |
|
04 |
4 |
1951 |
13 |
209 |
|
05 |
4 |
1952 |
12 |
213 |
|
06 |
4 |
1953 |
17 |
414 |
|
07 |
4 |
1954 |
16 |
328 |
|
08 |
4 |
1955 |
14 |
523 |
|
09 |
4 |
1956 |
26 |
504 |
|
10 |
4 |
1957 |
23 |
485 |
|
11 |
4 |
1958 |
24 |
431 |
|
12 |
4 |
1959 |
23 |
438 |
|
13 |
4 |
1960 |
24 |
414 |
|
14 |
4 |
1961 |
22 |
268 |
|
15 |
4 |
1962 |
23 |
307 |
|
16 |
4 |
1963 |
27 |
280 |
|
17 |
4 |
1964 |
21 |
254 |
|
18 |
4 |
1965 |
16 |
250 |
|
19 |
4 |
1966 |
24 |
346 |
|
20 |
4 |
1967 |
18 |
250 |
|
21 |
4 |
1968 |
20 |
240 |
|
22 |
4 |
1969 |
25 |
286 |
|
23 |
4 |
1970 |
23 |
306 |
|
24 |
4 |
1971 |
24 |
302 |
|
25 |
3 |
1972 |
25 |
289 |
|
26 |
3 |
1973 |
17 |
199 |
|
27 |
2 |
1974 |
19 |
326 |
|
28 |
4 |
1975 |
15 |
178 |
|
29a |
“4” |
1976 |
13 |
156 |
|
30–31b |
1 |
1977–78 |
15 |
142 |
|
32–33b |
1 |
1979–80 |
12 |
123 |
|
34 |
1 |
1981 |
9 |
90 |
|
35 |
1 |
1982 |
6 |
76 |
|
36 |
2 |
1983 |
14 |
132 |
|
37 |
1 |
1984 |
13 |
119 |
|
38c |
2 |
1985 |
15 |
125 |
|
39c |
1 |
1986 |
5 |
39 |
a La
indicación “4” señala que parece que se publicaron los cuatro números de una
sola vez.
A partir de ese año hemos indicado las veces que se
publicó realmente. Los dos números de
cada uno de los anos 1983, 1984 y 1985 fueron dobles.
b Los
volúmenes 30–31 y 32–33 se publicaron en un solo número cada uno, que cubrieron
los
años 1977–1978 y 1979–1980, respectivamente.
c En 1985 y 1986 ya se publicaba Microbiología SEM.
revista podría aparecer
después del siguiente congreso nacional (en Santiago de Compostela, 1977;
véase García Mendoza 1995, Parte II). Se trató de nuevo el tema en ese congreso.
Varias personas intervinieron en esta fase de preparación; entre ellas, podemos
destacar a Antonio Portolés, director de tesis de uno de nosotros (RL). El
nombre de Biología Microbiana llegó a registrarse oficialmente. Pero, debido
principalmente a la falta de originales, la nueva publicación no llegó a
hacerse realidad. Como último recurso, se pensó en fusionarla con el Boletín Informativo, que,
por iniciativa de Julio R. Villanueva, ayudado por Federico Uruburu, había
comenzado a publicarse en Salamanca en diciembre de 1972.
Al no
haberse podido plasmar la idea de esta nueva revista, la Junta Directiva de la SEM
decidió en 1980 seguir colaborando con el Instituto Jaime Ferrán en la
publicación de Microbiología Española. Se acordó que, decisiones que se
tomasen. Pero a partir de 1984 la situación a partir de entonces, la SEM
debería formar parte tanto del Consejo de Dirección como del Comité de
Redacción, y que participaría en todas las de coedición de Microbiología
Española se hizo insostenible, por lo que se decidió, esta vez con éxito,
lanzar la nueva revista. A última hora, se cambió el nombre de Biología
Microbiana (que a algunas personas de la Junta les pareció demasiado
“básico” y poco clínico), por el más general de Microbiología. Este
nombre también se intentó ―fallidamente― registrar, con la fuerte
oposición de algunas personas del Instituto Jaime Ferrán y con las consecuencias
que hemos visto.
Dado que
el nombre se prestaba a confusión, porque había en el mundo otras revistas con ese
mismo título ―llegamos a contar hasta siete―, a veces se le añadían
las siglas de la Sociedad, que aparecían ―verdad es que a una
considerable distancia― en la portada. Incluso la tipografía de los primeros
años fue errática, ya que podemos leer tanto MICROBIOLOGÍA, como Microbiología (parece lo mismo, pero no lo es; las segundas son
letras versales), y también Microbiología.SEM (adelantándonos con ello muchos años a la
“sintaxis” de la actual separación de dominios en Internet). A partir de 1994,
Ricardo Guerrero fijó el nombre “ilegal”, y pasamos a la nomenclatura binomial
y cursiva (Microbiología SEM) siempre que la citábamos, aunque en la
portada seguía manteniéndose una prudente separación entre la denominación
“genérica” y la “específica”, y las letras seguían siendo de tipo “redondo” y
“de palo recto” (sans serif). El nombre no debía de ser tan malo porque
finalmente la prestigiosa Society for General Microbiology nos lo “usurpó” en
1994, cuando cambió el nombre de su revista oficial (Journal of General
Microbiology) al de Microbiology. O sea, que desde
|
|
FIGURA 2. Carta de la SGM a Microbiología
SEM en 1997
1994 a 1997 disfrutamos de un nombre no
solamente ilegal en España sino compartido internacionalmente
por un “gran hermano” británico (el cual, por cierto, tiene nuestra misma edad) (Fig. 2), y con un hermano ruso (la
tradicional Microbiologyia de Moscú), que es anterior y con la cual nos
confundieron a veces.
La revista Microbiología SEM. Primera
y segunda etapa (1985 a 1993)
Los tres directores (o editores coordinadores, o
editores-jefe, que de todas estas maneras se han llamado) que tuvo Microbiología
SEM fueron: Rubens López (1985–1989), José
Antonio Ordóñez (1990–1993) y Ricardo Guerrero
(1994–1997). La idea de la nueva revista se hizo realidad gracias a los
esfuerzos coordinados de César Nombela, por aquel entonces presidente de la
SEM, y de Rubens López y su equipo. Se inició un poco como una aventura, ya que era un reto empezar una
revista partiendo casi de cero. Tras muchas discusiones, se decidió que fuera
bilingüe: se podrían publicar artículos en inglés o en español. Esto suponía
una ruptura con respecto a la anterior revista, donde los artículos en una
lengua extranjera fueron excepción (Vázquez & Ronda, este libro). Se
decidió también redactar unas normas para los autores y que el director fuera
reelegible cada cuatro años. Se nombró un Consejo Editorial y se escogieron
expertos en cada especialidad, para que fuesen coordinadores de cada grupo
específico. Cada número incluiría, como mínimo, una “minirrevisión”,
generalmente en inglés, sobre algún tema de interés microbiológico. Los
originales se someterían a evaluación por el sistema de revisión por expertos”
(peer review). El diseño y formato de cada número de Microbiología
SEM era el habitual en revistas similares del momento y fue pensado y
ejecutado por la empresa a la que encargamos la publicación, Editorial Garsi
(Fig. 3).
A uno de
nosotros (RL) le cupo el honor de ser el primer director de Microbiología
SEM, cargo que desempeñó de 1985 a 1989. Particularmente decisiva para la elaboración de cada ejemplar
resultó la ayuda recibida de Ernesto García, de Pedro García y de Concha Ronda,
tanto al aplicar sus muchos saberes para cuidar el contenido científico de los
artículos como su infinita paciencia
para soportar que el “despacho” que compartíamos en el CIB ―que bien merecería ser llamado
galguera― se convirtiera en flamante Redacción. Aquel pequeño cubículo
tuvo que multiplicar increíblemente su espacio, hasta convertirse en un remedo
del camarote de los hermanos Marx,
rebosante no de camareros, platos y flores, sino de archivadores, carpetas,
originales de artículos, gráficas y fotos.
El primer
número tuvo, muy humanamente, una gestación de unos nueve meses y salió mellizo (apareció en septiembre de
1985 y fue un número doble, vol. 1, núms. 1 y 2 juntos). El recién nacido llenó
de gozo tanto a sus progenitores directos (RL y su equipo), como a los padrinos
(la SEM) y, por qué no decirlo, a los esforzados autores ―que en este
tipo de paternidad no hay
exclusivismo― de los diez primeros artículos, que eran minirrevisiones.
|
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FIGURA 3. Portada del primer número de Microbiología
SEM (1995)
Por su carácter fundador,
mencionaremos los nombres y centros (abreviados) de los autores
“senior” o “correspondientes” de cada uno de los artículos: G. Larriba (Microb.,
Univ. Extremadura), C. García Mendoza (J. Ferrán, CSIC), F. Rodríguez-Valera
(Microb., Univ. Alicante), R. López (Inmunol. Biol. Microb., CSIC), J. L.
García (Antibióticos, Madrid), R. Guerrero (Microb., Autón. Barcelona), B. Gómez-Miranda
(Inmunol. Biol. Microb., CSIC), J. Barbé (Microb., Autón. Barcelona), A. Ramos
Cormenzana (Microb., Univ. Granada) y M. López-Brea (Hptal. de la Princesa,
Autón. Madrid). Esos autores, y sus coautores, tuvieron la osadía ―o no
pudieron resistir el ardiente acoso del director― de enviar un artículo
para el número pionero y aceptaron publicar en una revista no solamente “mala
por definición, ya que era española” ―como se oía a veces―, sino
además novel. No suficientemente agotados por el esfuerzo del parto, el año
1986 continuamos “produciendo” dos números, prole que aumentó en los dos años
siguientes a tres números por año.
Desde el
principio, el núcleo “duro” del primer Consejo Editorial que dirigí (RL),
entendió que nos daríamos por satisfechos si durante aquellos primeros años
lográbamos sustentar las bases que permitieran dar un salto cualitativo en la
forma y en el fondo de lo que queríamos que fuera el estilo de una revista
digna de la SEM. En este sentido, la labor de José Antonio Ordóñez, el segundo
director de la revista, se podría calificar de continuadora y necesaria para
que fraguara el trabajo desarrollado en los primeros cinco años. La novedad más
destacada del período de José Antonio Ordóñez fue el inicio de la publicación
de números monográficos. Los números monográficos, que desde entonces han
tenido mucho éxito, han sido una característica de nuestra revista (Tabla 2).
Ya desde el principio era evidente
el cambio total de aspecto y contenido de Microbiología SEM con respecto
a Microbiología Española. También en la lengua de los artículos: 6 de los
10 trabajos antes mencionados estaban en inglés. En los años siguientes se
publicaron de dos a tres números por año, que contenían generalmente 7 u 8
artículos cada uno. El número total de páginas por año fue de 116 a 201 (Tabla
3). No obstante, publicar en una revista nacional seguía estando “mal visto”
por algunas personas y organismos, que no comprendían ―y lo peor es que
siguen sin comprenderlo― que si
un país quiere tener una ciencia fuerte, además de competir en las revistas internacionales importantes, debe publicar y
elevar el nivel de las propias ―pocas, pero buenas―, para hacerlas
también internacionales.
Durante el
período 1990–1993 aparecieron normalmente dos números por año, que contenían de
6 a 9 artículos cada uno. El número de páginas por año, que estaba entre 110 y
133, llegó en 1993 a 262, con 31 artículos en total, debido a que aquel año, además de dos
números normales, se publicó el primer número monográfico de la revista, dedicado a
microbiología de los alimentos (véase la Tabla 3). Esta reducción en el número
de artículos y de páginas se debía a que llegaban menos originales y a que
bastantes de los recibidos, aproximadamente el 45%, no eran aceptados. Como se ha dicho,
TABLA 2. Números monográficos
publicados en la revista de la SBM (período 1985–2001)
|
Temática |
Volumen/año |
Editor responsable |
|
Microbiología SEM |
|
|
|
VIII Reunión Científica
de Microbiología
de los Alimentos |
9(Extra)
1993 |
J.A.
Ordóñez |
|
XIV Congreso Nacional de Microbiología |
10 (1–2)1994 |
R. Gómez-Lus |
|
IX
Congreso de Microbiología de
los Alimentos |
11(1)1995 |
J.A.
Ordóñez y V. Sanchis |
|
Origen de la vida, ISSOL |
11(2)1995 |
J. Oró y A. Lazcano |
|
Molecular pathogenesis of bacterial infections |
12(2)1996 |
J.A. Vázquez Boland |
|
Frontiers in antimicrobial resistance |
13(3)1997 |
M. Viñas |
|
International Microbiology |
|
|
|
Perspectives in non-conventional fungi research |
1(2)1998 |
E. Herrero y R. Santandreu |
|
Ten
years of CIBE-Symposia |
1(4)1998 |
S.
Mochales |
|
Microbial
pathogenesis |
2(3)1999 |
J.A. Vázquez Boland, M. Suárez y R. Rotger |
|
Protistology
today |
4(3)
2001 |
J.C.
Gutiérrez |
todos los números
incluían como mínimo una minirrevisión, que generalmente tenía que pedirse a los
autores, ya que la calidad de las que llegaban espontáneamente no siempre era
la adecuada. En septiembre de 1992 se publicó el Directorio de socios de la
SEM, de 106 páginas y con el mismo formato que la revista. Este Directorio, que
fue una idea entusiasta del entonces presidente, Francisco Ruiz Berraquero,
supuso un esfuerzo encomiable tanto de Concepción García Mendoza, secretaria de
la SEM, como de Isabel Perdiguero, secretaria administrativa de la Sociedad
desde 1987, y a quien tanto debemos los socios. El Directorio ha sido por
muchos años un elemento insustituible para facilitar la comunicación entre los
socios. Esperemos que pronto pueda ser continuado por una versión “en línea”
que supla y mejore sus funciones.
TABLA 3. Volúmenes y números de Microbiología SEM (1985–1997)
|
Año Vol. Núm. Artículos Páginas |
|
1985a 01 2 10 94 |
|
1986 02 2 14 119 |
|
1987 03 3 20 201 |
|
1988 04 3 19 170 |
|
1989 05 2 15 116 |
|
1990 06 2 13 110 |
|
1991 07 2 15 133 |
|
1992 08 2 14 126 |
|
1993b 09 3 31 262 |
|
1994c 10 4 44 462 |
|
1995d 11 4 59 532 |
|
1996 12 4 76 688 |
|
1997 13 4 66 556 |
a En 1985 la SEM pasó a editar Microbiología SEM y la numeración
empezó de nuevo. El primer año sólo se publicó un número, que fue doble.
b El primer número que se publicó ese año fue extraordinario
(febrero 1993), dedicado monográficamente a alimentos. Se basaba en la VIII
Reunión de Microbiología de los Alimentos (Cáceres, 1992).
c El primer número de 1994 fue doble y se dedicó al XIV Congreso
Nacional (Zaragoza, 1993). Los números de 1994 a 1997 fueron publicados
puntualmente, dentro del trimestre al que correspondían.
d En 1995, el primer número (marzo) fue una monografía sobre
alimentos, basado en el IX Congreso de Microbiología de los Alimentos (Lérida,
1994). El segundo (junio) fue también monográfico, dedicado al origen y
evolución temprana de la vida. El tercero (septiembre), que se entregó al
empezar el XV Congreso Nacional (Madrid, 1995), contenía además de 8 artículos
de longitud normal, 11 miniartículos (de 3 ó 4 páginas) correspondientes a
algunas ponencias que se iban a presentar en el Congreso.
La última etapa de Microbiología SEM (1994–1997)
y la transición prometedora
En 1994, Ricardo Guerrero se encargó de la agradable, pero
absorbente tarea de tomar el relevo en la dirección de la revista. Desde el principio
tratamos de optimizar la publicación por Editorial Garsi. Pusimos en claro el
estado de las suscripciones, coste de la revista y gestión de los anuncios que
proporcionaba Editorial Garsi. Vimos, también desde el principio, que la
cogestión con la editorial era muy difícil. Era una empresa que tenía más de
cuarenta revistas médicas, y la nuestra no era precisamente la que reportaba más anuncios (la
principal fuente de ingresos para la editorial). Aunque, como se vio después, fue
la que llegó a alcanzar más prestigio. No podíamos cambiar ni el tipo de papel (couché,
que era el mismo que en las restantes revistas), ni el tamaño (que se había
quedado anticuado), para poder hacer más atractivas las separatas, que es lo
que queda a los autores, y les sirve de comunicación con sus colegas. También
vimos que no estaban capacitados para publicar en inglés, porque no tenían
personal que supiera ni cómo separar las palabras (con reglas totalmente
distintas de las del castellano), ni entendiera las correcciones hechas a mano
sobre las galeradas por autores y editores. O sea que, por una parte, cambiamos todo lo que
pudimos por dentro (dos columnas para meter más texto, distribución agradable
de figuras y tablas, reelaboración de figuras para que tuvieran un aspecto
uniforme y moderno, etc.), sin poder modificar lo más mínimo el aspecto
externo. Para ello, tuvimos que aprender muchas cosas de ese arte tan bello y
casi olvidado que es la tipografía (sorprende saber que existen tres clases de
guiones, que hay muchos tipos de “«‘comillas’»”, y que hay “familias” de letras
con “patitas” [remate o serif] y otras sin ellas). También
tuvimos que recordar constantemente que “el ordenador no es una máquina de
escribir” (si, ese instrumento antiguo que se parecía a un ordenador, pero sin
monitor).
En esa última etapa de Microbiología SEM conté
(RG) con la ayuda constante e
inestimable de tres personas que han dedicado a la revista muchas horas y
esfuerzos, durante ocho años: Carmen Chica, Mercè Piqueras y Jordi Mas Castellà.
Después de un intenso aprendizaje “on the job”, como dicen los ingleses,
preparábamos la revista totalmente, desde la corrección inicial al maquetado
final; la editorial recibía el número acabado en disco, y no tenía más que
imprimirlo. Con eso conseguimos que la revista saliera puntual y regularmente (casi siempre dentro del trimestre que
indicaba la portada), una de las
condiciones exigidas por el Institute for Scientific Information (ISI) para
poder incluirla en el Current Contents. De mantener la calidad de los artículos seleccionados
se encargaban los miembros del Comité
Editorial y los diversos evaluadores externos (revisión por expertos). En todo
ese período contamos siempre con la colaboración de Juan Antonio Leal, como
secretario de la SEM, y de su esposa, Begoña Gómez Miranda, que tenía una gran
capacidad para corregir textos en inglés, y una enorme perspicacia para
detectar los numerosos pequeños errores que se crían, casi por generación
espontánea, en las pruebas de imprenta. El resultado fue halagüeño y la respuesta de los socios casi
inmediata. Empezaron a llegar más originales, hasta una media de
aproximadamente 100 por año, con lo que se pudo seleccionar el material y
elevar la calidad de lo publicado hasta un nivel internacionalmente aceptable
(véase la Tabla 3).
También en
esa etapa se impuso definitivamente el uso exclusivo del inglés para aumentar
su proyección internacional, se aumentaron las minirrevisiones, se realizó un esfuerzo
por conseguir puntualidad en la salida de la revista (y el esfuerzo dio fruto),
se informatizó su elaboración y se introdujeron otras mejoras que establecían
los pilares de una nueva y muy prometedora revista.
Las relaciones contractuales
con Editorial Garsi se remontan al año 1985, cuando
se firmó el contrato para la publicación y distribución de la revista. En la
época que va de 1993 a 1998, sin embargo, se fue haciendo cada vez más evidente
que, aunque Editorial Garsi tenía interés en nuestra publicación, era muy poco
lo que iban a hacer para promover su proyección internacional y por conseguir
más publicidad. Fueron muchas las reuniones que mantuvimos a lo largo de todo
ese período y exhaustiva la información que les proporcionamos sobre casas
comerciales, proveedores habituales de material de microbiología, etc. Por otro
lado, comparativamente los costes no eran bajos, ya que les dábamos cada número
de la revista acabado y listo para su reproducción. Además, Editorial Garsi,
por contrato, tenía un poder absoluto sobre la revista. En el último período,
viendo que no podíamos mejorar con esa empresa, iniciamos una prospección en
busca de una editorial que pudiera satisfacer nuestras aspiraciones sin que se
interrumpiera la publicación de la revista de la SEM. A diferencia de la muerte
por agotamiento de la primera, la segunda revista tuvo un final brillante y
vigoroso, que dio vida a un nuevo producto, atractivo y eficaz.
|
|
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FIGURA 4. Portadas de International Microbiology del período
1998–2000
International Microbiology. Los primeros cuatro años
Entre las
diferentes editoriales con las que se estableció contacto, se vislumbraron tres posibilidades: Elsevier, Chapman
& Hall y Springer-Verlag. La primera de ellas, Elsevier, ofrecía la filial
española (Elsevier Prensa, SA) que,
aunque tenía experiencia y profesionalidad, estaba enteramente dedicada a
revistas técnicas, especialmente de mecánica. Con Chapman & Hall se estuvo
a punto de llegar a un acuerdo. Ricardo Guerrero, por indicación de Remedios
Melero, directora de una revista del IATA (Valencia) que estaba editada por ellos, los visitó en Londres en abril
de 1997. Ofrecían condiciones
favorables, era una editorial de prestigio y tenía una larga tradición (“We
published Dickens's novels”, nos espetaron a modo de presentación). Manifestaron que el enfoque generalista de la
revista encajaba en su política editorial y se mostraron de acuerdo con
nuestras expectativas de difusión en América Latina. Sin embargo, el contrato
no llegó a firmarse y, tras un inexplicable y prolongado silencio por su parte
supimos que, en una cadena de absorciones y compras en las que intervinieron
Elsevier y Kluwer, la vieja Chapman
& Hall de Dickens había sido adquirida por Thomson Corporation. Nunca
dieron explicaciones y se supone que en un momento de cambios empresariales y
de renovación total de ejecutivos optaron por no llevar adelante operaciones
inconclusas.
La filial
española de Springer-Verlag, sita en Barcelona, fue la opción elegida. Entre
sus ventajas se pueden citar unas condiciones económicas ventajosas (a cambio de
hacer nosotros parte del trabajo) y un trato muy afable, que permitía preparar
el número en estrecha connivencia con un excelente profesional, Reinhoid
Rensen. Montserrat Fontboté, directora entonces de la empresa, creyó desde el
principio en la idea de hacer una revista visualmente atractiva, con una
presentación de calidad y con un contenido científicamente correcto. El
presidente de la SEM, Francisco Ruiz Berraquero, estimuló todo el proceso y
firmó rápidamente el contrato, que tenía una duración de dos años. La nueva
revista, International Microbiology, tenía un aspecto, formato, color y
nombre nuevos (Fig. 4). En esta etapa era Springer quien, a partir del
disquete, hacía la maquetación. La proximidad de la editorial permitía la
rápida solución de cualquier duda antes de la impresión, aunque para acabar el
número había que desplazarse al taller tipográfico (que estaba a unos 40 km de
Barcelona, y donde contábamos con la amable condescendencia del dueño de la
empresa, Albert López Casanovas).
En esta época, y también para
ahorrar tiempo y dinero, se realizó la distribución desde Barcelona. Se buscó
una distribuidora, LetterGraphic, que se encontraba
en Badalona, a unos 10 km de distancia. Cada tres meses, Carmen Chica, cargada
con una mochila como un escolar, se desplazaba hasta allí provista de unas 2000
fajas (de la revista); viajaba en metro y caminaba un kilómetro y medio hasta
una inmensa nave industrial. Por otra parte, después de innumerables trámites,
se logró de Correos el precio especial para publicaciones periódicas (que
afectaba solamente a la distribución terrestre y por tanto era adecuada para España y el resto de Europa, pero no para Estados Unidos y América Latina). Posteriormente
la revista volvió a distribuirse desde Madrid, esta vez por la misma empresa
que venía haciéndolo satisfactoriamente con el Boletín de la SEM.
Se ha
explicado brevemente el problema que comporta la aplicación de los criterios de
calidad. En primer lugar, el rechazo de una gran cantidad de artículos, en muchas
ocasiones de los propios colegas. El enojo que provoca ese rechazo es
comprensible y se notó en la disminución del número de artículos que llegaban a
la redacción. Sin embargo, una vez que la revista de la SEM consolidó su
estatus de publicación modesta pero rigurosa, el flujo de artículos aumentó,
permitiéndonos ese nivel de calidad exigible a toda publicación científica
moderna. Persiste, sin embargo, un problema que afecta al estado en que se
envían los trabajos y que supone un considerable esfuerzo y dedicación por
parte de quienes preparamos cada número. Resulta incomprensible que autores
que realizan un gran esfuerzo en la presentación de sus trabajos para las
revistas “importantes”, no tengan el mismo cuidado cuando los envían a revistas modestas. Errores
en la bibliografía, tablas y figuras con la misma información, ilustraciones penosas
y un inglés pésimo son frecuentes. Si se trata de autores jóvenes, es hora de
pensar en enseñarles que además de investigar hay que comunicar lo que se
investiga, lo cual se hace principalmente mediante la comunicación escrita.
Después de diseñar un experimento y de obtener los resultados, es
imprescindible saber explicar el trabajo, respetar las diferentes partes del
artículo, y no hacer saltos y trasvases inexplicables en el texto. No obstante,
comprobados el interés y la calidad de un artículo, de acuerdo con el criterio
de los revisores, International Microbiology no puede permitirse el lujo
de rechazarlo por la descuidada presentación en forma y contenido. El trabajo
que esto supone para la Redacción (especialmente para Mercè Piqueras y para
Carmen Chica, que son quienes llevan la voz cantante en ese tema) resulta
difícil de evaluar y debería ser reconocido, en primer lugar, por los propios
autores que, en numerosas ocasiones, ven mejorado considerablemente el artículo
que han sometido a la revista.
Durante los primeros cuatro
años de International Microbiology se han publicado 16 números, con un
total de 180 artículos y 1156 páginas (Tabla 4).
Finalmente, el mayor tamaño de
las páginas y la nueva maquetación y tipografía
permiten poner aproximadamente 900 palabras ―unos tres folios de ordenador― en cada página, lo que ha
supuesto un gran ahorro de papel y la optimización del espacio de la revista.
Los artículos no sólo han venido de España, sino que han tenido como autores a
grupos de diversos países (Tabla 5).
Tabla 4. Detalle de los números de International
Microbiology publicados en el período
1998–2001
|
Año
Vol.(Núm) Núm pág
AI* Núm pág AC* Pág. año Artículos |
|
|
|
1998 1(1) 78 10 |
|
1(2) 66 10 |
|
1(3) 48 14 |
|
1(4) 80 6 |
|
Total 272 40
312 52 |
|
|
|
|
|
1999 2(1) 56 10 |
|
2(2) 58 14 |
|
2(3) 64 12 |
|
2(4) 66 14 |
|
Total 244 50 294 46 |
|
|
|
|
|
2000 3(1) 58 12 |
|
3(2) 56 12 |
|
3(3) 56 12 |
|
3(4) 46 22 |
|
Total 216 58 274 44 |
|
|
|
|
|
2001 4(1) 44 14 |
|
4(2) 46 20 |
|
4(3) 50 14 |
|
4(4) 76 12 |
|
Total 216 60 276 38 |
*AI:
Artículos de “Investigación” (de revisión o de investigación primaria).
*AC:
Artículos “Complementos” (Editoriales, Opinión, Perspectivas, Biografías, Revisiones
de libros, etc.).
Características físicas de la revista
El aspecto
de la revista ha experimentado diversos cambios desde su inicio hasta nuestros
días. En sus cuatro primeros años, 1947 a 1951, la portada tiene el árbol
luliano del CSIC (véase García Mendoza 1995, p. 361). A partir de 1952, muestra
el rostro de perfil del Dr. Ferrán (como hemos visto, uno de los dos
coeditores era el Instituto de ese nombre), y esa figura se
TABLA 5. Países, además de España, de los que se ha publicado artículos
en International
Microbiology en
el período 1998–2001
![]()
Estados
Unidos 22
Alemania 14
Francia 11
Canadá
7
Argentina
5
México
5
Rusia
5
Venezuela
4
Brasil
3
Holanda
2
Italia
2
Reino Unido
2
Chile,
Colombia, Cuba, Israel,
Japón,
Nigeria, Noruega, Chequia,
Suiza,
Sudáfrica
1
![]()
mantendría hasta el fin
de la primera revista, en 1986. La cubierta era de cartulina de color crudo y
tenía un tamaño de 17 x 24 cm. En 1982 cambió la presentación: la cubierta se hizo algo más dura,
plastificada y de color amarillo brillante, con distinta tipografía; el papel
mejoró; el perfil del Dr. Ferrán se mantuvo, aunque un poco desplazado hacia la
parte inferior. El tamaño siguió siendo el mismo (véase la Fig. 1).
Al preparar el primer número de Microbiología
SEM, pensamos (RL) en el diseño y formato habituales en revistas similares
del momento. El cambio con respecto a la anterior (pero, recordemos, aún
existente) revista fue total: desapareció
la imagen del Dr. Ferrán (ya no la editaba el Instituto de su nombre) y la cubierta pasó a ser de color azul
turquesa. El tamaño aumentó (19 x 26 cm). La elección de la portada fue de
fácil consenso: sobre un fondo azul, que incorporaba en su parte inferior el
afortunado y reciente anagrama de la SEM, aparecía la palabra MICROBIOLOGÍA
(véase la Fig. 3). No obstante, las limitadas disponibilidades económicas nos
llevaron a utilizar impresores más voluntariosos que capacitados. El mejor
ejemplo de todo ello se reflejó en que el color que servía de fondo a la
portada mostraba en el conjunto de los
números que salieron a la luz toda una gama de diferentes tonos de azul (cual
mancha de sangre del fantasma de Canterville) que nunca se repetían de número a
número.
En 1998, cuando International Microbiology inició
su andadura, cambiamos (RG) por completo el formato (que pasó a ser de 28 x 21
cm, es decir, “DINA4 menos un centímetro”, como el de muchas revistas internacionales),
el color se convirtió en un rojo conspicuo y se modernizó totalmente la
tipografía. Se empezaron a publicar ilustraciones en color dentro del número,
que iban a cargo de los autores. La portada pretendía expresar la voluntad
integradora de la SEM: estaría dividida en cuatro cuadrantes, que mantendrían
la misma imagen los cuatro números del año, y en el centro, en un círculo cuyo
diámetro era exactamente el de una placa de Petri estándar (9,5 cm), se pondría
una figura destacada del número. La figura central sería a todo color, y desde
el principio nos propusimos que los colores y figuras centrales de los cuatro
números del año constituyeran un conjunto armónico. Los cuatro cuadrantes de
fondo representarían los cuatro grandes grupos de microorganismos: virus (en la
parte superior izquierda), procariotas (bacterias o arqueas, en la parte
superior derecha), protistas (en la parte inferior izquierda) y hongos (en la
parte inferior derecha) (véase la Fig. 4). Finalmente, Ricardo Guerrero dedicó
una gran atención al título de la revista. Después de considerar docenas de
posibilidades (muchas precedidas por “Journal”, algunas acabadas en “Acta”), y
después de abandonar una que nos parecía adecuada al contenido, “Basic and
Applied Microbiology” (pensada, todo hay que decirlo, con la sana intención de
aparecer en las listas alfabéticas en uno de los primeros lugares), nos
decidimos por un nombre corto y sugerente, el que ahora tenemos. Curiosamente,
al menos por lo que pudimos averiguar, a nadie se le había ocurrido antes un
nombre tan evidente. Y podríamos preguntarnos cómo íbamos a llamar
“International” a una revista de una sociedad nacional. Pero la SEM, desde su
fundación, ha querido proyectarse en ámbitos internacionales, especialmente en
América Latina. Finalmente, gracias a la constancia de Sara I. Pérez Prieto,
entonces tesorera de la SEM, se inscribió el nombre en el Registro de la
Propiedad Industrial. Lo intentamos en otros países, pero el precio era
prohibitivo y cejamos en el empeño.
Además del elemento esencial constituido por los
trabajos de investigación, que en una publicación de microbiología cubren
quizá una de las áreas científica más extensas, otros componentes diversos han
contribuido a perfilar, desde sus inicios, la personalidad de nuestra revista.
Por ejemplo, su temprana apertura internacional, que queda plasmada en la
designación de miembros de honor de la SEM a reconocidos microbiólogos. Más
recientemente, la inclusión de
secciones con artículos generales, Editoriales, Opinión, Perspectivas y Revisiones de Libros ha
permitido afianzar esa personalidad a la que nos referimos. La revista ha recogido
aportaciones sobre temas no estrictamente microbiológicos, pero si relacionados con aspectos
de la
ciencia que interesa conocer y valorar. Han sido temas de política científica,
aplicaciones controvertidas de la ciencia, cuestiones terminológicas, enfoques científicos, y
muchos otros. El afán de dar a conocer la situación de la ciencia y la
microbiología, en particular en los países de América Latina, llevó a la
publicación de una serie de editoriales por parte de expertos (Guerrero &
Chica 1999). La historia de la SEM, como ya se ha dicho, quedó recogida en seis
artículos sucesivos de Conchita García Mendoza. También la propia trayectoria
de la revista quedó documentada. Ambos temas forman parte ya de la historia de
la microbiología española. Y así, la revista incluye en esas secciones breves
biografías de personas con una destacada dedicación a la microbiología, o a la
ciencia en general. Algunos mantuvieron el reconocimiento hasta el fin de sus
días, otros fueron postergados, unos merecieron más que otros ese
reconocimiento o el lugar que ocuparon, pero todos aportaron su grano de arena
al gran edificio que ha llegado a ser la microbiología en nuestro país.
Finalmente, la edición y la comunicación científica han sido también temas
ampliamente tratados entre los Complementos de la revista. Tenía que ser así
por la atención que cada vez más despiertan. Por ejemplo, son varios los
congresos que se celebran periódicamente sobre ambos temas y cada día aumenta
el número de asociaciones internacionales dedicadas a los aspectos editoriales
y a la difusión de la ciencia en un intento comprensible de hacerla accesible
al ciudadano. Ciertamente esos intentos son interesados (relacionar la
obtención de recursos con la divulgación) y pueden llegar a situaciones
aberrantes si no se mantiene un equilibrio entre comunicación y producción
efectiva de ciencia, y si no se determinan con claridad los objetivos en cada
caso.
La utilización del inglés
La decisión de la lengua
de publicación no es una cuestión baladí y, como se ha dicho, Rubens López introdujo el inglés
teniendo en cuenta las ventajas y a pesar de los inconvenientes. Si entre los
objetivos de un investigador y de su grupo se encuentra dar el mayor alcance posible a
su trabajo, es necesario optar por la lengua inglesa; también el idioma
facilita la difusión de la propia publicación. Los principales beneficiados son
la revista y los propios autores, que logran que su trabajo trascienda el área
local, y sea conocido y citado por un mayor número de investigadores. La dinámica
científica actual no justifica el mantenimiento de un producto que no resulta de utilidad
para una mayoría de la comunidad que lo sustenta, y esto se refiere tanto al
contenido como al idioma en que se expresa.
Cuando
empezamos Microbiología
SEM aspirábamos
a publicar una revista con exigencias científicas razonables que terminara
teniendo todos sus trabajos en el lenguaje universal de la ciencia, el inglés.
Este requisito chocó con la incomprensión de algunos socios. Por otra parte, la crítica
razonada de evaluadores expertos que condujera al rechazo de un manuscrito nos
llevaba, casi inexorablemente, a una protesta airada y a una amenaza de no
recibir más trabajos del grupo así vejado. Esto generaba una delicada situación,
ya que el soporte inicial de la revista tenía que basarse principalmente en los trabajos que
enviaran los socios de la SEM. Todos éramos conscientes de que nuestros grupos
reservaban sus mejores “productos científicos”, que naturalmente escribían en
inglés, para aquellas revistas ya consagradas, pero aspirábamos a captar
trabajos con unos requisitos mínimos de calidad. Esta exigencia habria de abrir
el camino de una revista que paulatinamente fuese más competitiva, para así
poder incorporar, en años sucesivos, entre sus autores a microbiólogos de
ámbito internacional. De nuevo, la decisión de favorecer el inglés como
vehículo de comunicación trajo consigo una resistencia que confiamos que haya
sido orillada en estos días, ya que es indudable que con el empleo de esta lengua sólo se
trataba de conceder carta de naturaleza a un hecho aceptado por la comunidad
científica internacional. En la última etapa de Microbiología SEM Ricardo Guerrero ya consiguió que todos los artículos
de investigación” (revisiones más artículos de investigación primaria)
estuvieran en inglés. Después de pequeñas dudas iniciales, International Microbiology
ha
pasado a publicarse íntegramente en dicha lengua.
El sistema de revisión por expertos. Pros y
contras
El auge de la publicación
electrónica va a cambiar con toda probabilidad un sistema que a muchos autores
se les antoja contradictorio y que no responde a la finalidad que
bondadosamente se le atribuye. Ésta es garantizar que el trabajo sometido a
evaluación cumpla los requisitos de originalidad (que no haya sido publicado
previamente), de calidad y de rigor científico en la ejecución y exposición del
trabajo realizado. El sistema de revisión por expertos (peer review) tiene tal trascendencia que un potente grupo de
publicaciones,
entre las que se encuentran el Journal of the American Medical Association (JAMA) y el British Medical Journal, organiza cada cuatro años
un congreso dedicado íntegramente a ese tema, aplicado a la publicación médica.
Se analizan tendencias en la autoría, conflictos de intereses, propuestas para
mejorar el sistema, sesgos y prejuicios (transculturales y geográficos, entre
otros). En general, los debates buscan la mejora del sistema, para evitar los
ejemplos indeseados de plagio, prepotencia, juicios contradictorios,
subjetividad, etc. Sin embargo, y manteniendo nuestra creencia en la necesidad del proceso,
ha habido serias y fundamentadas críticas al proceso mismo (Semir 1996,
Piqueras 2001b) y a la organización y desarrollo de esos congresos, ya que “el
gremio [las revistas organizadoras] se defiende bien, lógicamente al tratarse
de una corporación que tiene sus propios intereses y sus serias amenazas, como
las derivadas de las crecientes críticas a la arbitrariedad del proceso
editorial o las debidas a la aparición de revistas electrónicas insumisas al peer review” (Camí 1998).
No
obstante, el evaluador es esencial para mantener la calidad de una revista. Por su tarea no
recibe compensación económica alguna y son muchas las ocasiones en que un
articulo se ha podido publicar y/o mejorar gracias a las orientaciones y críticas de los
revisores. Se puede discutir sobre la eficacia y hasta honradez de cualquier
sistema de evaluación, pero nunca hay que desestimar su importancia y
consecuencias.
Revistas “en línea” y publicación electrónica
En uno de
los mencionados congresos de peer
review en la publicación
médica (Praga, 1997), Ronald Laporte anunció
la muerte de las revistas impresas e incluso se aventuró a dar un año ―el
2020― para su completa desaparición. La predicción de Laporte parece un
tanto exagerada (Sharp, 2000). Es
cierto que la publicación electrónica ha revolucionado el mundo de la edición
―científica o no científica― y que, con la misma, algunas publicaciones
han disminuido sus ingresos por suscripciones. Sin embargo, la publicación
electrónica se vislumbra como un complemento de la impresa, a la que en muchos
casos refuerza. La consulta única de revistas “en línea” (on line) hace que en muchas ocasiones el investigador busque solamente los
artículos más relacionados con su trabajo, y pierda la oportunidad de “mirar”
los diversos artículos de una revista impresa, lo que podría aportarle ideas
para su trabajo especifico o enriquecer su preparación microbiológica ―en
nuestro caso― general. Por ello, en International Microbiology insistimos en la necesidad de
las dos versiones, electrónica y sobre papel. Los socios reciben esta última en casa y
cada número trata de ser no la mera yuxtaposición de artículos sin conexión,
sino una exposición equilibrada de los diversos campos de interés para autores
y lectores. Los artículos se colocan en cada número de International Microbiology en un determinado orden,
y se procura
que los Complementos sean adecuados e interesantes. Esa lectura en papel hace que todavía muchos
investigadores de todo el mundo sigamos recibiendo la versión impresa de
revistas como Science y Nature,
y que
del hojeo y ojeo más o menos reposado de sus páginas podamos obtener una visión
general de la marcha de la ciencia. Esa lectura, por supuesto, suele seguir a la consulta rápida de los
contenidos recibidos previamente por Internet (Guédon, 2000).
Como hemos
dicho, la revista de la SEM hizo sus pinitos en el ciberespacio en 1996, de la
mano de Jesús García-Gil. En un artículo de nuestra revista (García-Gil 1997)
se describe aquel primer paso como un experimento “modesto cuya finalidad es
acercar la revista oficial de la SEM a los profesionales de la microbiología en
España”. El desarrollo de Internet en la última década ha sido vertiginoso y
hoy en día toda publicación que se precie tiene un lugar en el ciberespacio.
Los aún no cinco años transcurridos desde aquella primera incursión de Microbiología SEM en la telaraña mundial
nos parecen un largo tramo de tiempo; en menos de un año, el “modesto”
experimento acercó la revista a lectores de más de 60 países (García-Gil 1997).
Una de las principales ventajas de la publicación electrónica es la rapidez del
proceso de edición, que prescinde de la impresión y la distribución. Eso hace
que la versión en línea de International Microbiology esté disponible mucho
antes que la versión impresa. Y algunos de los inconvenientes es que este hecho
parece que retrasa ―y no tendría por qué hacerlo― la aparición de
la versión en papel, que es todavía la única que ven muchos socios. Por otra
parte, las editoriales potentes (entre ellas Springer) han desarrollado un
sistema de corrección y publicación electrónica muy elaborado, con el cual un
particular no puede competir. Es cada vez más necesario que algunas
instituciones o países (como ha hecho Brasil) pongan a disposición de las
revistas modestas (nacionales) los medios técnicos (informáticos) necesarios
para poder competir con las grandes editoriales.
Publicar en Internet no
es difícil. Por una parte, muchos servidores facilitan espacios para alojar
las webs de sus clientes, incluso gratuitamente. Además, las versiones más
recientes de los programas de edición de textos permiten la construcción de archivos en el lenguaje
HTML (hypertext
markup language). Dado
que cualquier persona o entidad con acceso a Internet podría publicar “su”
revista, la edición científica electrónica ha de contar con mecanismos
que garanticen la fiabilidad de los contenidos de las publicaciones que se encuentran en el ciberespacio, especialmente cuando
no existe la versión impresa equivalente. Uno de ellos es la revisión previa
por expertos. De todos modos, como se ha mencionado, este tipo de revisión está
en entredicho. Se ha propuesto que Internet pueda ser un nuevo medio de
publicación de los resultados de la investigación sin revisión previa
―pero aclarando
este particular a los lectores― para que sea la propia comunidad
científica, con sus comentarios, quien dé validez a los resultados o los descalifique.
Por supuesto, International Microbiology sigue manteniendo el criterio de la revisión por
expertos previa y teniendo como objetivo final la producción de una revista
en papel de presentación agradable. El contenido de cada número no es una serie
deslavazada de artículos individuales, sino que se procura que sea un conjunto
de artículos (de investigación y complementarios) presentados con un
determinado orden.
El Institute for Scientific Information, el Current
Contents
y el “Factor de impacto”
Los
conceptos “factor de impacto” (FI) e “índice de citación científica” (Science Citation
Index, SCI), que tanto preocupan
hoy en día a la mayoría de los investigadores, son relativamente recientes y
son un “invento” de Eugene Garfield, fundador del Institute for Scientific
Information (ISI) en 1958. En el campo de las
leyes y el derecho, en el siglo XIX ya existía un índice bibliográfico. Además,
durante muchos años, en las bibliotecas se habían evaluado revistas teniendo en
cuenta la citación de sus artículos en otras publicaciones. En la década de
1950, el joven Eugene Garfield buscaba la manera de aplicar las citas
bibliográficas como un medio para indexar la literatura en los diferentes
campos de la ciencia sin intervención de indexadores humanos (Piqueras 2001a).
Garfield desarrolló el SCI, y las revistas que tienen el título general de Current Contents, principalmente con finalidades informativas. Sin
embargo, sus bases de datos de índices, que son cuantitativas, tienen unas
características que las hacen muy adecuadas como indicadores de ciencia y
tecnología. Por una parte, son multidisciplinares: abarcan prácticamente todos
los campos de las ciencias experimentales y de las ciencias sociales. También
son exhaustivas, ya que incluyen, además de los artículos de investigación
primaria, todo tipo de artículos contenidos en una publicación, como
editoriales, artículos de revisión, necrológicas, revisiones de libros, correcciones, y otros. Los
estudios de impacto demuestran que
estos otros tipos de artículos merecen ser tenidos en cuenta, ya que su impacto
puede ser grande y que, además, proporcionan enlaces útiles para localizar
debates y discusiones sobre un tema determinado en diferentes publicaciones.
Finalmente, cada ítem indexado incluye todos los datos del artículo que cita y del citado (autores,
instituciones, dirección, etc.). Esto da un gran margen de variabilidad a los
estudios analíticos, que pueden centrarse en una subespecialidad minoritaria o
buscar una perspectiva total de la ciencia (Garfield 1992, 1994a).
Current
Contents es la publicación más
conocida del ISI. Contiene los índices de los últimos números de muchas
revistas de un campo científico determinado
y proporciona una serie de datos sobre las principales revistas y libros en
diferentes disciplinas. En la publicación se puede encontrar también la dirección de los autores de los artículos,
por si el lector quiere ponerse en contacto con ellos. Actualmente existen
siete Current
Contents, dedicados a: (1)
agricultura, biología y ciencias ambientales, (2) arte y humanidades, (3)
ciencias sociales y de la conducta, (4) medicina clínica, (5) ciencias de la
vida, (6) física, química y geología, y (7) ingeniería, informática y
tecnología. De cada una de las revistas incluidas en su base de datos (7500 en
2001), se indexan los artículos, revisiones, editoriales, etc. Además, incluye
la información bibliográfica completa, como los resúmenes de la propia revista,
las palabras clave y el ISSN (International Standard Serial Number) de la publicación. En su versión original impresa, Current Contents era una publicación de aspecto muy modesto, de
papel e impresión sencillas, y de medidas reducidas, que permitían llevarla en
el bolsillo para consultarla en cualquier momento del día. Hacia 1990 empezó a
publicarse también en versión electrónica, en disquete. Pareció un gran
avance, pero su consulta sólo podía hacerse si se disponía de un ordenador.
Posteriormente, apareció también en CD-ROM, con el mismo inconveniente. EL ISI
fue más allá en la publicación del Current Contents y ahora es una base de datos presente en Internet, con el nombre de ISI Current
Contents®Connect. Actualmente son
85 las revistas de microbiología incluidas en el Current Contents/Agriculture,
Biology & Environmental Sciences (entre un total de 1040 publicaciones indexadas). La mayoría son revistas
publicadas en los Estados Unidos (34),
seguidas de las del Reino Unido (21), Holanda (13), Alemania y Japón (4 cada uno), Francia (2) y Austria,
Canadá, Dinamarca, Eslovaquia, Italia, Chequia y Suiza (1 cada uno) [Listado
disponible en el web del ISI: http://www.isinet.com/cgi-bin/jrnlst/].
En 1997, la base de datos
de ISI comprendía más de 8000 revistas. Aunque el número parezca muy alto, es sólo una parte
de las revistas que se publican.
Incluirlas todas sería económicamente inviable e innecesario para analizar la
literatura científica. Actualmente, unas 150 revistas contienen aproximadamente el 50 por ciento de los artículos
que se citan y un 25 por ciento de los artículos que se publican; un conjunto
de unas 2000 revistas contiene
aproximadamente el 95 por ciento de los artículos que se citan y un 85 por
ciento de los artículos que se publican. Sin embargo, este conjunto no es
estático y su composición básica cambia constantemente (Testa 1997).
El ISI
realiza una evaluación de las nuevas revistas e incluye en su base de datos aquellas que
pueden ser útiles para sus suscriptores; al mismo tiempo, elimina las que
―según su criterio― han perdido utilidad. Cada año se evalúan unas 2000 nuevas
publicaciones, de las cuales sólo se seleccionan de un 10 a un 12 por ciento.
En la evaluación se tienen en cuenta factores cualitativos y cuantitativos. Los
principales son:
(a) Las características estándar de la publicación. Se tiene en cuenta la frecuencia de publicación ―la puntualidad es uno
de los criterios básicos en el proceso de evaluación―; la conformidad con
las convenciones internacionales de publicación; el uso del inglés, al menos en
los títulos, resúmenes y palabras clave; y la aplicación de la revisión por
expertos que garantice la calidad de la investigación descrita en los artículos
y la idoneidad de las referencias.
(b) El
contenido. El director de
ISI determina si el contenido de una nueva publicación enriquece la base de
datos de ISI o si ya se encuentra suficientemente cubierto.
(c) Internacionalidad de la publicación. Por una parte, se tiene en cuenta la diversidad
geográfica de autores y citas, que pueda satisfacer al conjunto de sus
suscriptores. Por otra parte, también se consideran las mejores revistas en
cada categoría dentro de ámbitos regionales.
(d) Análisis de citaciones. Los evaluadores tienen en
cuenta las citas que han tenido los artículos de la revista que se evalúa, así
como el campo del conocimiento (hay áreas que generan menos citas o en las que se precisa más tiempo para que un
artículo sea muy citado). Para este análisis se recurre a la frecuencia total
de citas, al FI y al “índice de inmediatez” (immediacy index). Si se trata de revistas
nuevas, se considera el historial de los autores y de los miembros del Comité
Editorial.
La evaluación de una revista
suele hacerse por petición de los propios editores de la publicación, pero no
es la única manera. El ISI acepta las sugerencias y recomendaciones de evaluación de terceras
personas, a las quesolicita que les proporcionen los datos completos de la revista y, si es
posible,
una copia del último número y de los siguientes dos o tres, a medida que se
publiquen (Testa 1997).
El FI es
una herramienta cuantitativa que sirve para evaluar la calidad de una revista en relación
con la de otras publicaciones. Mide la frecuencia con la que el artículo medio
de una revista ha sido citado en un período de tiempo determinado. El FI de
una revista, que recoge anualmente el Journal Citation Reports (otra publicación del
ISI), es una relación entre las citas y los ítems citables de un período determinado. Se
calcula dividiendo el número de citas que durante el año considerado han
recibido los artículos publicados en la revista considerada durante los dos
años anteriores, por el número total de artículos publicados en dicha revista
durante esos dos años.
Son varias las aplicaciones
que se han dado al FI de las revistas. La más frecuente
es de tipo comercial: para los propios editores, que pueden así conocer la
posición que su revista ocupa en relación a otras de la misma especialidad; y para los anunciantes, que exploran
el mercado potencial de sus productos.
Es muy útil también en la planificación de las bibliotecas para decidir las
revistas que conviene adquirir. Pero, desde hace algún tiempo, el FI se está
empleando también para evaluar la producción científica, a partir del prestigio
de las publicaciones donde los investigadores publican sus artículos. Si este sistema de “evaluación” sustituye a
cualquier otro, se comete un profundo error, ya que no se pueden aplicar los
mismos criterios en la evaluación de los diferentes tipos de publicaciones y
materias. Por tanto, no debería usarse para evaluar el trabajo individual de
los investigadores, ni para comparar publicaciones de campos científicos
diferentes (Garfield 1994b, Guerrero 2001b, Editorial Nature 2002). El “análisis cuantitativo y objetivo” de la valía científica de
un candidato suele hacerse mediante la adición de los “FI de los distintos
artículos”, cosa que hemos visto que es un error, porque el FI que se utiliza
habitualmente se refiere sólo a la revista en conjunto, y no a los artículos individuales que la
componen. Los evaluadores no deberían usar los mismos criterios para estimar
el significado de la investigación realizada en campos muy diversos. Los
investigadores, por su parte, no deberían intentar aumentar el número de
citaciones de sus artículos mediante la autocita, ni escoger las revistas
solamente en función del FI. La evaluación correcta de la calidad individual de
la producción científica de un investigador sólo puede conseguirse mediante la
lectura de cada artículo individualmente, y este es un sistema que requiere tanto capacidad
científica en ese campo concreto como tiempo suficiente, dos cosas de las que
muchos evaluadores carecen (Guerrero 2001b).
Vocación internacional de la revista de la
SEM
No sabemos
si los responsables de Microbiología Española solicitaron en algún momento la inclusión de la
revista en el Current Contents. Rubens López si lo hizo (en 1986) para Microbiología SEM ; pero la petición no fue
aceptada. En 1999, International Microbiology solicitó ser considerada para su inclusión en un
próximo futuro, después de la evaluación pertinente, que llevaría, como mínimo,
dos años. En julio de 2000, en el transcurso de una visita al ISI, en
Filadelfia, Ricardo Guerrero tuvo la impresión de que la incorporación de la
revista a esos buscados índices no tenía que representar mayor problema, tras
un período de seguimiento y control. International Microbiology estaba siendo seguida por
el ISI y pudimos apreciar un fuerte aumento en el número de citas que
recibíamos (Fig. 5).

FIGURA 5. Análisis del crecimiento de la citación de la
revista de la SEM realizado por el
ISI en julio de 2000
De esa visita se obtuvo
abundante información de la visibilidad de la revista, ya que el ISI recoge ese
tipo de información en sus estudios estadísticos. Sin embargo, las cosas no
son tan claras y la experiencia enseña que es ingenuo pensar que el ISI sea
ajeno a la gestión por parte de los grandes grupos editoriales que actúan como
grupos de presión y cuya influencia está directamente relacionada con su capacidad
económica. La revista Nature en su editorial del 10 de enero de 2002 denunció algunos
errores en los índices de citación del ISI. Si bien no puede responsabilizarse
al ISI (que ahora depende de un potente grupo editorial [Thomson Corporation] y
es de hecho una
empresa) del uso que se haga de sus estadísticas, dicha empresa sí que es
responsable del rigor y veracidad de los datos que publica. En las estadísticas
del ISI, el artículo de Nature dedicado a la secuenciación del genoma humano había
alcanzado un índice de citación tan bajo que no se encontraba entre los
artículos de mayor impacto e influencia (conocidos como hot papers) en biología. Estudios
estadísticos realizados por la propia revista Nature revelaron que el número de citaciones dado por ISI
era muy inferior al número real. ISI reconoció su error y, cuando corrigió sus
datos, el artículo en cuestión pasó a ocupar el primer lugar de la lista
(Editorial Nature 2002). En nuestra revista, López Piñero ya denunció en 1996
que las deficiencias técnicas de los métodos empleados en estos estudios
estadísticos
basados en las citas originaban una media de un 25 por ciento de errores (López
Piñero 1996).
Posiblemente,
no haya sido siempre así, ni era ésa la idea de Eugene Garfield, líder de la
información científica, cuando en 1955 se propuso recoger la literatura científica en una base de
datos. Hoy esa base de datos es la más importante del mundo y entrar en ella el
sueño o la pesadilla de un buen número de editores y publicaciones. Pero es
bien sabido que, de un tiempo acá, el mundo editorial ha experimentado unas
sacudidas que han dado al traste con las formas tradicionales. Antes, el
contenido y la calidad del producto que se quería comercializar eran la base
del negocio, y el lógico beneficio empresarial no se ceñía a criterios exclusivamente
mercantiles. Si alguna vez esa utopía existió, y parece que sí, hoy ya
descansa en el limbo de las criaturas malogradas.
Las líneas maestras que
han marcado unos requisitos mínimos para mejorar el nivel de calidad de la
revista se han mantenido desde 1985, y llevamos con ellas diecisiete años. Pensamos que la calidad
de una revista no depende del lugar de publicación, ni de la procedencia
geográfica de los autores. Una revista que no pertenezca a los países más
potentes científicamente también puede aspirar a alcanzar un nivel
internacional. El artículo individual (antes, la separata) puede llegar a
sitios impensables para la revista completa. A los dos autores de este capitulo
siempre les ha sorprendido que dos trabajos que muchos calificarían de
“menores” por haberse publicado en la revista de la SEM, fueran mencionados en
las mejores publicaciones. Rubens López encontró un trabajo suyo sobre producción
bacteriana de polisacáridos de Microbiología Española (López & Becking, Microbiol. Esp. 21:53–75 [1968]) citado en sucesivas ediciones de los Bergey's Manual. Ricardo Guerrero ha encontrado en importantes
revistas la cita de un artículo sobre densidad específica que escribió ―a petición
del director (RL)― para el primer número de
Microbiología
SEM (Guerrero et al., Microbiol. SEM 1:53–65 [1985]).
El empeño
que tantas personas han dedicado a la revista de la SEM escondía aspiraciones y
dificultades que pensamos que deben quedar reflejadas en este libro para
orientación de los colegas que ahora asumen responsabilidades en nuestra
Sociedad. La historia de la revista, que con todos sus altibajos ha llegado a
la respetable edad de 55 años, no puede quedar al albur de algunas personas que
piensen que no es rentable económicamente (evidentemente, si sólo hiciéramos lo
que es rentable económicamente, no existiría la SEM). Y no debemos olvidar que el esfuerzo de
los que “hacen” la revista (que son tanto los editores como los miembros de los
distintos comités, los evaluadores y también los autores que confían sus
artículos a la revista de la SEM, “aunque no esté en el Current Contents”) no cae en saco roto si la
revista es leída y apreciada por los socios; si transmite a los miembros de la
SEM la voluntad generalista de la Sociedad y su visión de la microbiología como
una ciencia integradora, donde todos los aspectos de investigación, de
tecnología, de docencia y de cultura van indisolublemente unidos; y si sirve de
vehículo de presentación de la existencia y actividad de la SEM a escala
internacional.
Cualquier lugar es bueno, y
éste también, para agradecer la labor de los revisores,
necesariamente anónimos, según el modelo (“revisión por expertos”) que hemos escogido, pero reconocidos por la
ayuda que sus opiniones y orientaciones aportan a la continuación y mejora de
la revista. Otro elemento importante es el Comité de Redacción, que de una
forma discreta colabora desde 1993 en la orientación de la revista, la
promoción de artículos y editoriales, y en la sugerencia de temas
monográficos, entre otras tareas. También tenemos un Comité Editorial de gran
calidad y de procedencia diversa, lo que permite evitar los defectos de las
“influencias”. La diversidad institucional y geográfica se vislumbra además
como promotora de una mayor visibilidad internacional. Y tenemos obviamente los
autores, materia prima, bruta algunas veces, sin cuyo concurso todo lo dicho y
lo hecho simplemente no existiría.
El lugar que ocupa una
publicación en el conjunto, inmenso en el caso de las revistas de
microbiología, no es sólo resultado de la buena voluntad de los editores y del
Comité Editorial, ni de la sociedad científica que en muchos casos, como el
nuestro, la respalda. En el estatus e incluso en la supervivencia intervienen factores como la
competitividad con otras publicaciones similares, razón de más para optar por
la calidad y por la principal lengua de difusión de la ciencia.
La
inclusión en los índices del ISI (aparecer en el famoso Current Contents, y tener un FI, aunque sea
bajito) es una aspiración irrenunciable, por más que costosa en el aspecto económico y de
esfuerzo personal. Económica porque a estas alturas nadie que conozca
mínimamente, sin necesidad de ser experto, el mundo editorial ignora esa premisa. No
basta la calidad de los artículos, aunque es necesaria; no basta la puntualidad en
la aparición, aunque es imprescindible; no basta la corrección gramatical en
una lengua que nos sigue costando, aunque es una exigencia; no basta un comité
editorial formado por expertos nacionales e internacionales, aunque es
altamente recomendable.
A todos esos requisitos, comprensibles para cualquiera, y que se tienen que dar a la
vez, hay que añadir la calidad de reproducción de textos y figuras, el diseño
atractivo de la portada, un formato adecuado y un tipo de papel de
características determinadas. Conseguir todo eso es caro, en dinero y esfuerzo.
Para llevar adelante un proyecto así hace falta, además, apoyo moral, empuje y
reconocimiento por parte de los principales destinatarios, los socios de la
SEM, que son además los principales provisores del material imprescindible, los
artículos.
La revista es leída
también por personas que no pertenecen a la SEM. Y en muchos casos su lectura
es el único nexo que tienen con nuestra Sociedad. Microbiología SEM, gracias a la mediación de
Ediciones Garsi, aparecía citada en diversos índices internacionales (Biosis, Chemical
Abstracts, Medline, Index Medicus y Excerpta Medica, que sepamos). La gestión de Springer-Verlag, como
editorial de prestigio, puede ser decisiva para hacer que International Microbiology
sea citada en esos y otros índices. Tras una espera prudencial, en la que por
nuestra parte cumplamos los requisitos sobradamente conocidos de calidad,
continuidad, puntualidad, etc., podremos ver si conseguimos nuestro objetivo o
estamos en camino de hacerlo. Pero tanto si se logra como si no en un plazo
corto, muchas cosas van a ir cambiando al amparo de la publicación electrónica
y de la difusión científica a través de Internet, que van a afectar a mayor o
menor plazo al propio FI, y a la revisión por expertos. Hasta hace poco, muchas
revistas únicamente permitían a sus suscriptores el acceso al contenido
completo de su versión en línea. El resto de “visitantes” podían sólo leer los
resúmenes de los artículos. Ahora empiezan a darse cuenta de que mantener esta
política de acceso restringido (que es lo que hace Springer-Verlag) es tirar
piedras a su
propio tejado, ya que están frenando la posible citación de sus artículos por parte de
investigadores que no pueden consultar la versión impresa. Esto, unido a la
petición firmada el 2001 por varias decenas de miles de científicos que
solicitaban el acceso libre a los contenidos en línea de las revistas en un
plazo no superior a los seis meses de su publicación, empieza a surtir efecto.
De todos modos, es posible que no afecte mucho a determinadas editoriales médicas
que imprimen separatas de algunos artículos no ya por decenas o por algunas
centenas, sino por centenares de miles (subvencionadas, todo hay que decirlo, por la industria
que financió la investigación) (Piqueras 2001b).
El FI
puede verse afectado por el número de “visitas” a las páginas web de las
diferentes publicaciones que se realizan desde distintos y muy distantes lugares. Desde muchos
de ellos, hasta ahora no se tenía acceso a la publicación en papel. Es de
prever que la fácil cuantificación de esas visitas, consultas y citas va a
influir sobre el modo de establecer la importancia del artículo y de la
revista. International
Microbiology tiene ante sí el futuro que las circunstancias le deparen, pero esas
circunstancias serán un reflejo visible de la actitud y aptitud de quienes
crean y apoyen su continuidad y crecimiento (¿otros 50 años, por lo menos?).
Esa actitud y aptitud tendrán sin ninguna duda un gran valor a la hora de superar los
obstáculos impuestos por factores externos, como la competitividad y
orientación comercial propia de toda empresa, editoriales incluidas. Y también
para vencer los obstáculos internos, que es la poca consideración que a veces tenemos por
lo nuestro, en este caso, la revista. En nuestros viajes por el extranjero, nunca hemos oído
que la revista fuera “mala”; generalmente, era totalmente desconocida, pero,
cuando alguien tenía algún trabajo (separata o artículo “bajado” de Internet)
de ella, tenía muy buen concepto de esa revista desconocida que publicaba
artículos de calidad y bien presentados. Por otra parte, varias de las revistas
científicas
que todavía sobreviven en España, tienen en gran aprecio la nuestra, tanto por
su presentación como por su nivel científico.
En este capítulo hemos
pretendido narrar la historia del conjunto de revistas de SEM, pero también
rendir homenaje de un modo discreto ―cual fue la dedicación de los
responsables― a quienes durante años dedicaron un enorme esfuerzo, consumieron
horas, aguantaron berrinches y, por qué no decirlo, sufrieron la incomprensión
de muchos de sus colegas, para que, cincuenta y cinco años después, todavía
tengamos una publicación digna, un vehículo para expresar la vocación
generalista e integradora de la SEM y, finalmente, una carta de presentación internacional
de la que nuestra Sociedad puede sentirse orgullosa. Al tesón de tantas
personas, a su capacidad de convertir lo improbable en posible, y lo posible en
realidad, a su ilusión por superar lo que claramente excedía sus recursos, debemos lo
que tenemos. Según escribió el poeta valenciano Ausias March (1397–1459) “lo
que no se hace
por potencia / ni por gracia, ni saber / se hace sin resistencia / por fuerza
de un buen querer”.
Agradecimientos
Este
trabajo de pseudohistoriadores aficionados no se podría haber escrito sin la
ayuda de las diversas personas que nos han aportado sus datos, buscado información y
orientado de muy diversas maneras. A todos ellos, hayan sido o no nombrados específicamente
en el capítulo, les expresamos nuestro sincero agradecimiento, en especial a
Ernesto García, Mercè Piqueras y Carmen Chica, que tanto han hecho por la
revista a lo largo de muchos años de dedicación diestra, callada (a veces) y
eficaz.
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